miércoles, 1 de marzo de 2017

Mensaje del Papa para la Campaña de Fraternidad en Brasil 2017

(RV).- En Brasil, inicia hoy Miércoles de Ceniza, la tradicional Campaña de Fraternidad 2017, promovida por la Conferencia Episcopal del país sudamericano. «Fraternidad: ecosistemas brasileños y defensa de la vida», es el tema de esta 54° edición que hace referencia al pasaje bíblico «El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara» (Gn 2,15).

Mensaje del Papa

Francisco une su voz a aquellos que se adhieren a la Campaña de Fraternidad 2017, organizada por la Conferencia Episcopal brasileña. Esta iniciativa, que se celebra desde 1963 en Brasil durante la Cuaresma, cada año propone a la comunidad, una motivación para la conversión y el cambio de vida. En esta edición número 54, el foco de atención se centra en el cuidado de los ecosistemas nacionales y en la protección de la vida en toda su esencia. El Papa anima en particular a «ampliar la conciencia» de que este reto global requiere «la participación de toda persona junto con el esfuerzo de cada comunidad local».

Signos de agresión a la naturaleza en Brasil

El Creador, escribe el Papa en su mensaje, ha sido muy generoso con Brasil regalándole una diversidad de ecosistemas de «extraordinaria  belleza». Pero lamentablemente, añade el Santo Padre, también están presentes los signos de agresión a la creación y la degradación de la naturaleza. La iglesia en Brasil, en cuanto al respeto y cuidado del medio ambiente y de los pobres, ha sido  una «voz profética». La iglesia ha llamado, no sólo la atención sobre cuestiones ecológicas y sus desafíos, sino que también ha indicado sus causas y, sobre todo, las formas de superarlos.

Es necesario cuidar la creación y promover las relaciones fraternas

Entre las muchas iniciativas y acciones impulsadas por la Iglesia, el Santo Padre recuerda que ya en 1979 la Campaña de Fraternidad manifestaba su preocupación por cuestiones ambientales y por el comportamiento humano en relación con los dones de la naturaleza, bajo su lema: "preservar lo que pertenece a todos". El objetivo de la campaña de este año, dice el Pontífice, inspirado en el verso bíblico “El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara” (Gn 2,15), es «cuidar de la creación y especialmente de los ecosistemas de Brasil, de los dones de Dios y promover las relaciones fraternas con la vida y la cultura de los pueblos a la luz del Evangelio».

La degradación medioambiental está siempre acompañada de la injusticia

No podemos dejar de considerar, añade el Obispo de Roma, los efectos de la degradación ambiental, el modelo actual de desarrollo y la cultura del descarte que arrasan con la vida de las personas. Esta campaña nos invita a contemplar, admirar, agradecer y respetar «la diversidad de la naturaleza que se manifiesta en los diferentes ecosistemas de Brasil, un verdadero regalo de Dios, a través del fomento de “relaciones respetuosas» de los pueblos que viven en tales contextos. Este es uno de los mayores desafíos en toda la tierra, porque la «degradación del medio ambiente está siempre acompañada por la injusticia social», señala el Santo Padre. 

De los pueblos indígenas se puede aprender un modelo de desarrollo sostenibile

Los pueblos indígenas, originarios de cada ecosistema, son un claro ejemplo de cómo la convivencia con la creación puede ser respetuosa, fructífera y misericordiosa. Es necesario conocer y aprender de estos pueblos la forma en que se relacionan con la naturaleza.  De esta manera, concluye el Papa, se puede alcanzar un modelo sostenible que pueda ser una alternativa viable al desenfrenado deseo de obtener ganancias, a cambio de explotar los recursos naturales y daña la dignidad de los pueblos. Cada año, recuerda finalmente el Papa, la Campaña de Fraternidad se lleva a cabo durante el tiempo de Cuaresma. Es por tanto, una invitación a vivir con mayor conciencia la espiritualidad Pascual.

(Síntesis ofrecida por nuestro colega Amedeo Lomonaco).

(SL-RV)


Papa: La Cuaresma es un tiempo de esperanza

(RV).- En el miércoles de cenizas que da inicio al tiempo litúrgico de la Cuaresma, el Papa Francisco relacionó el camino cuaresmal con la esperanza cristiana, y explicó que la Cuaresma, camino hacia la Pascua de Jesús, período de penitencia y mortificación que tiene como fin hacernos resurgir en Cristo, es, por naturaleza propia, un “tiempo de esperanza”.

Para profundizar sobre el significado del mismo, el pontífice se refirió a la experiencia del éxodo de los israelitas de Egipto, narrado por las Sagradas Escrituras: “Hoy, miércoles de ceniza, – dijo hablando en español – los invito a reflexionar sobre la cuaresma como tiempo de esperanza. Al igual que el Pueblo de Israel que sufrió la esclavitud en Egipto, cada uno de nosotros está llamado a hacer experiencia de liberación y a caminar por el desierto de la vida para llegar a la tierra prometida”.

El éxodo, un período largo de cuarenta años en el que el pueblo de Israel, ante las pruebas del camino, está siempre tentado de hacer marcha atrás, pero en el cual gracias a la esperanza y de la mano del Señor, finalmente es conducido de la esclavitud hacia la libertad. De este concepto se desprende que el Obispo de Roma hiciera el punto en que la Cuaresma, como el éxodo, es un camino que nos conduce de la esclavitud hacia la libertad donada por Cristo Jesús: “Jesús nos abre el camino al cielo a través de su pasión, muerte y resurrección. Él ha debido humillarse y hacerse obediente hasta la muerte, vertiendo su sangre para librarnos de la esclavitud del pecado. Es el beneficio que recibimos de él, que debe corresponderse con nuestra acogida libre y sincera”.

El Papa añadió en italiano que la libertad que nos dona Jesús, no conlleva a que nosotros “no hagamos nada”, y que vayamos al paraíso “en carroza”, dado que, si bien nuestra salvación es don de Cristo, porque se trata de una “historia de amor”, “necesita de nuestro sí, y de nuestra participación en su amor, como nos lo demuestra nuestra Madre María, y después de ella, todos los santos”.

En la conclusión de la catequesis, tras recordar que los cristianos estamos llamados a seguir el ejemplo de Nuestro Señor que venció al tentador, y que ahora también nosotros debemos afrontar la tentación y superarla, de modo que nuestro camino cuaresmal sea signo sacramental de nuestra conversión, exhortó a todos “a caminar en esperanza y con empeño en este camino de amor, que Dios hoy nos propone al inicio de la Cuaresma”.

“Que nuestro esfuerzo forje una esperanza sólida, como la de María, que continuó a creer y a esperar incluso cuando se encontraba junto a la cruz de su Hijo. Que Dios los bendiga a todos”. 

(Griselda Mutual – Radio Vaticano)

 


Catequesis del Papa: La Cuaresma camino de esperanza

(RV).-  Con la lectura de un pasaje del libro del Éxodo, en el que el Señor dice a Moisés que viendo la opresión de su pueblo y conociendo sus sufrimientos decide librarlo del poder de los egipcios para conducirlos a una tierra fértil y espaciosa, el Papa Francisco dedicó su catequesis del 1º de marzo  – Miércoles de Cenizas en que comienza el nuevo Tiempo litúrgico – a la Cuaresma como camino de esperanza.

Hablando en italiano el Santo Padre recordó que, en efecto, esta perspectiva es evidente si pensamos que la Cuaresma fue instituida en la Iglesia como tiempo de preparación a la Pascua, en que el Señor nos llama a salir de nuestras tinieblas para que nos pongamos en camino hacia Él, que es la Luz.

Y explicó que la Cuaresma es un período de penitencia y también de mortificación, cuya finalidad es hacernos resurgir con Cristo renovando nuestra identidad bautismal, es decir, renacer nuevamente “de lo  alto”, del amor de Dios. Por esta razón – dijo el Papa – la Cuaresma es, por su naturaleza, un tiempo de esperanza.

Para comprender mejor lo que esto significa el Pontífice se refirió a las vicisitudes de los israelitas que, con la ayuda del Señor, terminan con su condición de esclavitud, tal como lo relata el Antiguo Testamento. Y afirmó que cada paso que damos, toda fatiga o prueba que experimentamos, al igual que toda caída, todo esto sólo tiene sentido dentro del designio de salvación de Dios, que quiere para su pueblo la vida y no la muerte; la alegría y no el dolor.

Después de afirmar que la Pascua de Jesús es su éxodo, con el que Él ha abierto la vía para llegar a la vida plena y eterna y para lo cual tuvo que despojarse de su gloria y humillarse, haciéndose obediente hasta la muerte en la cruz, el Obispo de Roma dijo que la Cuaresma vive de esta dinámica. Es decir, que Cristo nos precede con su éxodo, a la vez que nosotros atravesamos el desierto gracias a Él y detrás de Él, ya que Él fue tentado por nosotros y ha vencido al tentador por nosotros.

Naturalmente, el Sucesor de Pedro afirmó que también nosotros debemos afrontar con Él las tentaciones y superarlas. Por eso Cristo nos da el agua viva de su Espíritu, mientras a nosotros nos corresponde tomar de su fuente a través de los Sacramentos, la oración y la adoración. Y concluyó su catequesis diciendo que la Cuaresma es, en este sentido, “signo sacramental de nuestra conversión”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).


Papa: la Cuaresma invita a reconciliarnos con Dios y servir a Cristo en los más necesitados

(RV).- «Con la ayuda de María, en la Cuaresma sigamos las huellas de Cristo, para resucitar en Él con el amor de su misericordia», alentó el Papa Francisco a los peregrinos de tantas partes del mundo, que participaron en su audiencia general, del Miércoles de Ceniza, en que comienza la Cuaresma 2017:

«Les deseo a cada uno de ustedes que este encuentro, suscite una renovación espiritual, participando en las celebraciones cuaresmales y en las campañas de solidaridad que muchos organismos eclesiales promueven, en diversas partes del mundo, para testimoniar su cercanía a los hermanos necesitados.

En esta Cuaresma tratemos de seguir las huellas de Cristo concretamente, dedicándonos a los hermanos y hermanas necesitados. De este modo, nos sentimos verdaderamente parte del pueblo de Dios, con la alegría y la esperanza de hijos. Que el Espíritu Santo los acompañe en este camino cuaresmal.

Que la Cuaresma sea para nosotros un camino de alegría y de esperanza, gracias al poder del amor misericordioso del Señor y a la ayuda de la Virgen María, para que podamos resucitar en Cristo».

La Cuaresma es un camino de esperanza, fe, penitencia, liberación y victoria

Reiterando lo que dijo en su catequesis central en italiano, el Papa dio su cordial bienvenida a los peregrinos de lengua árabe, en particular a los que llegaron de Irak, Jordania y de otros países de Oriente Medio:

«La Cuaresma es un camino de esperanza: la esperanza de alcanzar la Pascua de Resurrección a través del desierto del ayuno y de la mortificación; un camino de fe, donde se experimenta la fidelidad del amor de Dios que no nos abandona nunca; un camino de penitencia, donde la salvación se realiza y se cumple a través de la respuesta libre del hombre; un camino de liberación de los ídolos del mundo, para llegar a la libertad de los hijos de Dios; un camino de victoria sobre las tentaciones, con la ayuda de la oración y de los Sacramentos. Les deseo Buena Cuaresma. ¡Que el Señor los bendiga a todos y los proteja del maligno!».

Recordemos nuestra fragilidad y la del mundo, en nombre de Cristo dejémonos reconciliar con Dios, exhortó el Papa en sus palabras a los peregrinos polacos:

«El miércoles de Ceniza nos recuerda la fragilidad de la vida del hombre y del mundo: Recuerda que eres polvo y al polvo volverás. Éste día nos exhorta a contemplar la vida a la luz de la enseñanza de Jesús: ‘Conviértete y cree en el Evangelio’ y llama a todos a la conversión. Lo hace con las palabras del Apóstol Pablo: ‘Les suplicamos en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios’ (2 Cor 5, 20). Que el  signo de la ceniza y las palabras escuchadas en la liturgia de hoy estimulen nuestra reflexión cuaresmal».

Antes del rezo del Padre Nuestro y de su bendición, el Papa Francisco dirigió, como es tradicional, sus palabras de aliento y saludo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados:

«Queridos hermanos, hoy, Miércoles de Ceniza, el Señor nos indica el camino de esperanza que debemos seguir. Que el Espíritu Santo los guie a cumplir un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado y servir a Cristo presente en los hermanos».

(CdM – RV)


“La Cuaresma: signo sacramental de nuestra conversión”, el Papa en la catequesis

(RV).- “La Cuaresma es signo sacramental de nuestra conversión, quien realiza el camino de la Cuaresma esta siempre en el camino de la conversión. Es un signo sacramental de nuestro camino de la esclavitud a la libertad, siempre por renovar. Un camino ciertamente difícil, como es justo que sea, porque el amor es arduo, pero es un camino lleno de esperanza”, con estas palabras el Papa Francisco explicó en la Audiencia General del primer miércoles de marzo, el significado de la Cuaresma como camino de esperanza.

Continuando su ciclo de catequesis sobre “la esperanza” y al inicio del tiempo litúrgico de la Cuaresma, el Obispo de Roma señaló que, “esta perspectiva se hace enseguida evidente si pensamos que la Cuaresma ha sido instituida en la Iglesia como tiempo de preparación para la Pascua”. Por lo tanto, precisó el Pontífice, todo el sentido de este periodo de cuarenta días es iluminado por el misterio pascual hacia el cual está orientado. “Podemos imaginar al Señor Resucitado que nos llama a salir de nuestras tinieblas – subrayó el Papa – y nosotros nos ponemos en camino hacia Él, que es la Luz. Y la Cuaresma es un camino hacia Jesús Resucitado”. La Cuaresma, agregó el Obispo de Roma, es un periodo de penitencia, también de mortificación, pero no un fin en sí mismo, sino finalizado a hacernos resurgir con Cristo, a renovar nuestra identidad bautismal, es decir, a renacer nuevamente “desde lo alto”, desde el amor de Dios. Por esto es que la Cuaresma concluyó el Papa, es por su naturaleza, tiempo de esperanza.

Texto completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este día, Miércoles de Ceniza, entramos en el Tiempo litúrgico de la Cuaresma. Y ya que estamos desarrollando el ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana, hoy quisiera presentarles la Cuaresma como camino de esperanza.

De hecho, esta perspectiva se hace enseguida evidente si pensamos que la Cuaresma ha sido instituida en la Iglesia como tiempo de preparación para la Pascua, y por lo tanto, todo el sentido de este periodo de cuarenta días es iluminado por el misterio pascual hacia el cual está orientado. Podemos imaginar al Señor Resucitado que nos llama a salir de nuestras tinieblas, y nosotros nos ponemos en camino hacia Él, que es la Luz. Y la Cuaresma es un camino hacia Jesús Resucitado. La Cuaresma es un periodo de penitencia, también de mortificación, pero no un fin en sí mismo, sino finalizado a hacernos resurgir con Cristo, a renovar nuestra identidad bautismal, es decir, a renacer nuevamente “desde lo alto”, desde el amor de Dios (Cfr. Jn 3,3). Por esto es que la Cuaresma es, por su naturaleza, tiempo de esperanza.

Para comprender mejor que cosa significa esto, debemos referirnos a la experiencia fundamental del éxodo de los Israelitas de Egipto, narrada en la Biblia en el libro que lleva este nombre: Éxodo. El punto de partida es la condición de esclavitud en Egipto, la opresión, los trabajos forzados. Pero el Señor no se ha olvidado de su pueblo y de su promesa: llama a Moisés y, con brazo poderoso, hace salir a los Israelitas de Egipto y los guía a través del desierto hacia la Tierra de la libertad. Durante este camino de la esclavitud a la libertad, el Señor da a los Israelitas la ley, para educarlos en el amor a Él, el único Señor, y para amarse entre ellos como hermanos. La Escritura muestra que el éxodo es largo y fatigoso: simbólicamente dura 40 años, es decir, el tiempo de vida de una generación. Una generación que, ante las pruebas del camino, es siempre tentada a añorar Egipto y volver atrás. También todos nosotros conocemos la tentación de regresar atrás, todos. Pero el Señor permanece fiel y esta pobre gente, guiada por Moisés, llega a la Tierra prometida. Todo este camino es realizado en la esperanza: la esperanza de alcanzar la Tierra, y justamente en este sentido es un “éxodo”, una salida de la esclavitud a la libertad. Y estos 40 días son también para todos nosotros una salida de la esclavitud del pecado a la libertad, al encuentro del Cristo Resucitado. Cada paso, cada fatiga, cada prueba, cada caída y cada salida, todo tiene sentido solo dentro del designio de salvación de Dios, que quiere para su pueblo la vida y no la muerte, la alegría y no el dolor.

La Pascua de Jesús es su éxodo, con el cual Él nos ha abierto la vía para alcanzar la vida plena, eterna y gozosa. Para abrir esta vía, este camino, Jesús ha debido despojarse de su gloria, humillarse, hacerse obediente hasta la muerte y la muerte de cruz. Abrirnos el camino a la vida eterna le ha costado toda su sangre, y gracias a Él nosotros somos salvados de la esclavitud del pecado. Pero esto no quiere decir que Él ha hecho todo y nosotros no debemos hacer nada, que Él ha pasado por medio de la cruz y nosotros “vamos al paraíso en un carruaje”. No, no quiere decir esto. No es así. Nuestra salvación es ciertamente un don suyo, pero, como es una historia de amor, requiere nuestro “si” y nuestra participación en su amor, como nos demuestra nuestra Madre María y después de ella todos los santos.

La Cuaresma vive de esta dinámica: Cristo nos precede con su éxodo, y nosotros atravesamos el desierto gracias a Él y detrás de Él. Él es tentado por nosotros, y ha vencido al Tentador por nosotros, pero también nosotros debemos con Él afrontar las tentaciones y superarlas. Él nos dona el agua viva de su Espíritu, y a nosotros corresponde tomar de su fuente y beber, en los Sacramentos, en la oración, en la adoración; Él es la luz que vence las tinieblas, y a nosotros se nos pide alimentar la pequeña llama que nos ha sido confiada el día de nuestro Bautismo.

En este sentido la Cuaresma es «signo sacramental de nuestra conversión» (Misal Romano, Oración colecta I Dom. de Cuaresma), quien realiza el camino de la Cuaresma esta siempre en el camino de la conversión. Es un signo sacramental de nuestro camino de la esclavitud a la libertad, siempre por renovar. Un camino ciertamente difícil, como es justo que sea, porque el amor es arduo, pero es un camino lleno de esperanza. Es más, diría además: el éxodo cuaresmal es el camino en el cual la esperanza misma se forma. La fatiga de atravesar el desierto – todas las pruebas, las tentaciones, las ilusiones, las visiones… – todo esto vale para forjar una esperanza fuerte, sólida, en el modelo de la Virgen María, que en medio a las tinieblas de la pasión y de la muerte de su Hijo continuó creyendo y esperando en su resurrección, en la victoria del amor de Dios.

Con el corazón abierto a este horizonte, entramos hoy en la Cuaresma. Sintiéndonos parte del pueblo santo de Dios, iniciamos con alegría hoy este camino de esperanza. Gracias.

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)


En el éxodo cuaresmal se forma la esperanza

(RV).-  “En el éxodo cuaresmal se forma la esperanza”. Fue la afirmación del pontífice en la audiencia general del miércoles 1° de marzo, en la cual, continuando con el ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana, inició el tiempo cuaresmal reflexionando a partir de la narración del éxodo de los israelitas de Egipto.

La Cuaresma, “camino de esperanza”, es tiempo de preparación a la Pascua, período de penitencia y de mortificación, que tiene como fin hacernos resurgir con Cristo. Un camino en el cual cada paso, cada esfuerzo, cada prueba, cada caída y cada vuelta a empezar, sirven para forjar una esperanza fuerte y sólida que tiene sentido sólo en el interior del diseño de salvación de Dios, que quiere para su pueblo la vida y no la muerte, la alegría y no el dolor, explicó Francisco.

Se trata de un camino de la esclavitud a la libertad en el cual Cristo nos precede, “la Pascua de Jesús es su éxodo”, y la Cuaresma vive de esta dinámica: “Cristo nos precede con su éxodo y nosotros atravesamos el desierto con él y gracias a él”. 

A continuación, el resumen de la catequesis que el Papa pronunció en nuestro idioma:

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy, miércoles de ceniza, los invito a reflexionar sobre la cuaresma como tiempo de esperanza. Al igual que el Pueblo de Israel que sufrió la esclavitud en Egipto, cada uno de nosotros está llamado a hacer experiencia de liberación y a caminar por el desierto de la vida para llegar a la tierra prometida.

Jesús nos abre el camino al cielo a través de su pasión, muerte y resurrección. Él ha debido humillarse y hacerse obediente hasta la muerte, vertiendo su sangre para librarnos de la esclavitud del pecado. Es el beneficio que recibimos de él, que debe corresponderse con nuestra acogida libre y sincera.

Estamos llamados a seguir el ejemplo de Nuestro Señor. Él venció al tentador y ahora nosotros debemos también afrontar la tentación y superarla. Él nos dio el agua viva de su Espíritu y nosotros debemos ir a buscarla a la fuente de los sacramentos y la oración. Él es la luz que vence las tinieblas y nos pide a nosotros alimentar la llama que se nos confió el día de nuestro bautismo. De este modo, nuestro camino cuaresmal será signo sacramental de nuestra conversión.

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Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Los exhorto a caminar en esperanza y con empeño en este camino de amor, que Dios nos propone. Que nuestro esfuerzo forje una esperanza sólida, como la de María, que continuó a creer y a esperar incluso cuando se encontraba junto a la cruz de su Hijo. Que Dios los bendiga. 


Los exhorto a caminar en esperanza y con empeño en este camino de amor, que Dios nos propone, dijo el Papa sobre la Cuaresma

FLASH CATEQUESIS DEL PAPA, jesuita Guillermo Ortiz

Escucho los gritos por los sufrimientos de mi pueblo y he venido a liberarlo. El pasaje bíblico del libro del Éxodo, inspiró la catequesis 13 de Francisco, que invito a reflexionar sobre la cuaresma como tiempo de esperanza.

El miércoles de ceniza, 1 de marzo, el obispo de Roma explicó que al igual que el Pueblo de Israel que sufrió la esclavitud en Egipto, “cada uno de nosotros está llamado a hacer experiencia de liberación y a caminar por el desierto de la vida para llegar a la tierra prometida”.

Dijo que “Jesús nos abre el camino al cielo a través de su pasión, muerte y resurrección. Él ha debido humillarse y hacerse obediente hasta la muerte, vertiendo su sangre para librarnos de la esclavitud del pecado. Es el beneficio que recibimos de él, que debe corresponderse con nuestra aceptación libre y sincera”. Y el Sucesor en la Cátedra de Pedro llamó a seguir el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo “Él venció al tentador y ahora nosotros debemos también afrontar la tentación y superarla. Él nos dio el agua viva de su Espíritu y nosotros debemos ir a buscarla a la fuente de los sacramentos y la oración. Él es la luz que vence las tinieblas y nos pide a nosotros alimentar la llama que se nos confió el día de nuestro bautismo. De este modo, nuestro camino cuaresmal será signo sacramental de nuestra conversión”.