domingo, 1 de octubre de 2017

«Sueño una Europa universitaria y madre», el Papa al mundo académico en Bolonia

(RV).- Uno de los momentos más coloridos de la Visita Pastoral del Papa Francisco a Bolonia fue el encuentro con los estudiantes y el mundo académico que tuvo lugar la tarde del domingo 1 de octubre, en la Plaza San Domenico de esta ciudad conocida como “la docta” debido a su prestigiosa universidad, que durante siglos ha educado y transmitido conocimientos a ciudadanos de todo el mundo.

Tras ser recibido por el rector de la Universidad, el señor Francesco Ubertini, en un ambiente de gran entusiasmo y expectación por parte de cientos de estudiantes, el Santo Padre dirigió un profundo discurso marcado por el carácter universal y humanístico propio de la institución universitaria, “que nunca tiene miedo de incluir a todos y que no puede vivir sin elevar el espíritu del conocimiento a lo mas alto”.

“El Alma Mater de ustedes y de toda universidad está llamada a buscar aquello que une. La acogida que proporcionan a estudiantes provenientes de contextos difíciles y lejanos es una linda señal. Que Bolonia, encrucijada secular de encuentros, diálogos y relaciones; y en tiempos recientes cuna del proyecto Erasmus, ¡pueda cultivar siempre esta vocación!”, dijo el Papa recordando que la Universidad en Europa tiene sus raíces más profundas en el humanismo, al cual también las instituciones civiles y la Iglesia han contribuído desempeñando roles distintos.

Teniendo en cuenta este “espíritu académico que une”, el Obispo de Roma propuso tres derechos totalmente actuales y ligados al “saber universal”:

En primer lugar el derecho a la cultura: el cual además de llevar implícito el “derecho al acceso a la educación”, significa también “tutelar el conocimiento, haciendo que sea humano y al mismo tiempo humanizante”, con el fin de que el estudio sirva para “cuestionarnos preguntas que busquen el sentido de la vida, sin dejarnos anestesiar por la banalidad”. “Esta es la gran tarea de ustedes: responder a los estribillos paralizantes del consumismo cultural, con elecciones dinámicas y fuertes, con la cúsqueda, el conocimiento y el compartir”, afirmó el Pontífice alentando a “sacar afuera lo mejor de cada uno para el bien de todos y poniendo en guardia sobre los riesgos de caer en una pseudocultura que descarta al ser humano".

En segundo lugar, Francisco habló sobre el derecho a la esperanza que es el derecho a no ser ser invadidos cotidianamente de la retórica del miedo y del odio, a no ser sometido por las frases hechas del populismo o por la proliferación inquietante y provechosa de las “falsas noticias”. “Es el derecho para ustedes jóvenes, a crecer libres sin miedo al futuro, a saber que en la vida existen realidades bellas y duraderas, por las cuales vale la pena jugársela”, recalcó el Papa, añadiendo que la crisis que vivimos actualmente, es también una oportunidad, un desafío a la inteligencia y libertad de cada uno, que debemos aprovechar para convertirnos en “artesanos de esperanza”. ¡Qué lindo sería que las aulas de universidad fueran “canteras de esperanza”!, dijo Francisco.

Por último, el Sucesor de Pedro destacó el derecho a la paz; un derecho y al mismo tiempo deber, que está inscrito en el corazón de la humanidad, ya que la unidad prevalece sobre el conflicto (Evangelii gaudium, 226). “No tengan miedo a la unidad”, pidió Francisco, recordando que este año se celebró el 60° aniversario de la firma de los tratados de Roma, que dieron inicio a la unidad europea custodiando así el derecho a la paz, tras dos guerras mundiales y la atroz violencia de pueblos contra pueblos.

Asimismo, el Obispo de Roma puso como ejemplo de lucha en favor de la Paz al Papa Benedicto XV, quien fuera también Obispo de Bolonia y que hace 100 años, definió a la guerra como “una inútil masacre” en una carta dirigida a los jefes de las partes beligerantes, firmada el 1 de agosto de 1917.

“La historia enseña que la guerra es siempre una inútil masacre”, reiteró el Santo Padre indicando que la Iglesia no puede permanecer neutral frente al mal que se comete, pero debe ir siempre encaminada hacia la paz.

Para concluir, el Papa señaló algunos retos para la Institución Universitaria, presente en la sociedad para garantizar el estudio de los derechos de todos, evitando los conflictos violentos: confirmar los derechos de las personas y de los pueblos, especialmente de aquellos más débiles, de los que son descartados y defender los derechos de la creación, nuestra casa común.

“No hagan caso a quienes dicen que luchar por ésto es inútil y que nada cambiará. No se acontenten con sueños pequeños, sino que sueñen a lo grande. También yo sueño”, dijo Francisco, pero "no sólo mientras duermo porque los sueños grandes se hacen con los ojos abiertos, llevándolos delante de la luz del sol”.

«Renuevo con ustedes el sueño de un nuevo humanismo europeo, para el que hace falta tener memoria, coraje, y una sana y humana utopía"; prosiguió el Pontífice, "el sueño de una Europa madre que respeta la vida y ofrece esperanza de vida, de una Europa donde los jóvenes respiran el aire puro de la honestidad, aman la belleza de la cultura y de una vida simple, no contaminada por las infinitas exigencias del consumismo; en la cual casarse y tener hijos es una responsibilidad y una alegría grande, no un problema derivado de la falta de trabajo suficientemente estable. (Discurso con motivo de la entrega del Premio Carlo Magno, 6 de mayo 2016). Sueño una Europa “universitaria y madre” que, conocedora de su cultura, infunda esperanza a sus hijos y sea instrumento de paz para el mundo», concluyó el Papa.


«Ustedes están al centro de la Iglesia», almuerzo del Papa con los pobres en Bolonia

(RV).- Continuando con su visita pastoral a las ciudades italianas de Cesena y Bolonia, el Santo Padre se dirigió a la Basílica de San Petronio en Bolonia, en torno a las 12:30 del domingo 1 de octubre, para almorzar con un numeroso grupo de pobres, refugiados y detenidos que lo esperaban con gran entusiasmo para compartir juntos "mesa y charlas".

El interior de la Iglesia fue preparado para la ocasión a modo de comedor para disponer de espacio para todos los que participaron en el almuerzo. Antes de comenzar el encuentro, el Sucesor de Pedro dirigió unas breves palabras a los allí presentes.

"Ustedes están al centro de esta casa, la Iglesia los quiere al centro", dijo el Papa. "La Iglesia es de todos y especialmente de los pobres. Estamos todos invitados, por la gracia. Es un misterio de amor gratuito que Dios que nos quiere para Él, no por nuestro mérito sino por su amor".

Recordando que Jesús "no despreció ni descartó jamás a nadie, el Obispo de Roma señaló que todos podemos dar y al mismo tiempo recibir algo".

"Somos todos caminantes, medigos de amor y de esperanza. Necesitamos de este Dios que se hace cercano y se revela en el partir el pan", afirmó el Pontífice. "Lleven también ustedes a los demás, este pan de amor que hoy compartimos. Regalen a todos simpatía y amistad. Esta es la tarea que tenemos todos. Ustedes tienen una sensibilidad particular en el "acoger la dimensión humana porque saben lo que es la fragilidad, la necesidad de darse una mano y de pedir ayuda dejando a un lado el orgullo", concluyó Francisco dando gracias a Dios por los alimentos que compartieron. 

(SL-RV)


El Papa a los Consagrados de Cesena-Sarsina: “Edifiquen una Iglesia que sea familia de familias”

(RV).- “Los animo a encontrar, escuchar y caminar con los más necesitados, para que puedan encontrar a Cristo y su liberador mensaje de amor”, palabras de aliento del Papa Francisco durante el Encuentro con el clero, los consagrados, los laicos de los consejos pastorales, los miembros de la Curia y los representantes de las parroquias de la diócesis de Cesena-Sarsina, el primer domingo de octubre, en el marco de su Visita Pastoral a esta ciudad con motivo del Tercer Centenario del nacimiento del Papa Pío VI.

Durante el Encuentro en la Catedral de Cesena, el Santo Padre recordó a los consagrados que la principal misión de un discípulo de Cristo es anunciar y testimoniar con alegría el Evangelio. “La evangelización – afirmó el Papa – es más eficaz cuando es actuada con unidad de intención y con una colaboración sincera entre las diferentes realidades eclesiales y entre los diversos sujetos pastorales, que encuentran en el Obispo un seguro punto de referencia y de cohesión”.

“Corresponsabilidad es una palabra clave – subrayó el Santo Padre – sea para llevar adelante el trabajo común en los campos de la catequesis, de la educación católica, de la promoción humana y de la caridad; sea en la búsqueda valerosa, ante los desafíos pastorales y sociales, de nuevas formas de cooperación y presencia eclesial en el territorio”. Es ya un eficaz testimonio de fe, dijo el Pontífice, el hecho mismo de ver una Iglesia que se esfuerza por caminar en la fraternidad y en la unidad. Cuando el amor de Cristo es colocado incluso sobre legitimas exigencias particulares, agregó, entonces se hacen capaces de salir de sí mismos, de descentrase a nivel personal y de grupo, y siempre en Cristo ir al encuentro de los hermanos.

“Las llagas de Jesús – precisó el Pontífice – permanecen visibles en tantos hombres y mujeres que viven en los márgenes de la sociedad: marcados por el sufrimiento, las dificultades, el abandono y la pobreza. Personas heridas por la duras pruebas de la vida, que son humilladas, que se encuentran en la cárcel o en los hospitales”. Acercándonos y curando con ternura estas llagas, señaló el Papa, muchas veces no solo corporales sino también espirituales, somos purificados y transformados por la misericordia de Dios.

Recordando el ejemplo de servicio a los más necesitados realizado por San Vincenzo de Paoli, el Papa Francisco resaltó el primer deber de la diaconía de la caridad en favor de los pobres, es decir, una verdadera revolución de la caridad. Para realizar esto, dijo el Pontífice, es necesario reservar un adecuado espacio a la oración y la meditación de la Palabra de Dios. “La oración es la fuerza de nuestra misión. El encuentro constante con el Señor en la oración se hace indispensable sea para los sacerdotes y para las personas consagradas, sea para los operadores pastorales, llamados a salir del proprio huerto e ir hacia las periferias existenciales”.

Son sobre todo los jóvenes, puntualizó el Papa Francisco, los que necesitan experimentar el amor de Jesús y la Iglesia cuenta mucho con ellos y es consciente de sus grandes recursos, de su inclinación al bien, a la libertad auténtica y a la justicia. “Ellos, necesitan ser ayudados a descubrir los dones que el Señor les ha donado, animados a no temer ante los grandes desafíos del momento presente. Por esto, los animo a animarlos, a escucharlos, a caminar con ellos, para que puedan encontrar a Cristo y su liberador mensaje de amor”. Una Iglesia atenta a los jóvenes es una Iglesia familia de familias, dijo el Papa; por ello, los animo en su trabajo con las familias durante este año pastoral en el que están reflexionando sobre la educación a la afectividad y al amor.

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco alentó a los sacerdotes a llevar adelante el ministerio del encuentro con Cristo. Esto presupone, dijo el Pontífice, su encuentro cotidiano con Cristo, su ser y estar con Él. “Les deseo que descubran continuamente, en las diversas etapas del camino personal y ministerial, la alegría de ser sacerdotes, de estar llamados por el Señor a seguirlo para llevar su palabra, su perdón, su amor, su gracia. Es una llamada que nunca termina de sorprendernos”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)


El Papa en el Ángelus: “Es tarea de la sociedad entera la preocupación por el trabajo digno”

(RV).- “Es necesario quitar centralidad a la ley del provecho y asignarla a la persona y al bien común. Pero para que esta centralidad sea real, efectiva y no sólo proclamada con palabras, es necesario aumentar las oportunidades de trabajo digno”, lo dijo el Papa Francisco antes de rezar la oración mariana del Ángelus, durante el Encuentro con el mundo del trabajo, los desempleados y los representantes industriales de Bolonia, el primer domingo de octubre, en el marco de su Visita Pastoral a esta ciudad con motivo de la clausura del Congreso Eucarístico diocesano.

“La crisis económica tiene una dimensión europea y global, señaló el Santo Padre, y, como sabemos, dijo, esta es también una crisis ética, espiritual y humana, y a la raíz existe una traición del bien común, de parte sea de los individuos sea de los grupos de poder”. Hacer frente a esta problemática, señaló el Papa, es una tarea que pertenece a la sociedad entera: en esta fase en modo particular, todo el cuerpo social, en sus varios componentes, está llamado a realizar todo esfuerzo para que el trabajo, que es factor primario de dignidad, sea una preocupación central.

Texto y audio completo de las palabras del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buen domingo!

Los saludo a todos ustedes que pertenecen al mundo del trabajo, en la variedad de sus expresiones. Entre ellas existe lamentablemente también aquella negativa, es decir, la situación difícil, a veces angustiante, de la falta de trabajo. ¡Gracias por su acogida!

Ustedes representan las diversas partes sociales, muchas veces en discusión incluso dura entre ellas, pero han aprendido que solo juntos se puede salir de la crisis y construir el futuro. Sólo el diálogo, en las reciprocas competencias, puede permitir encontrar respuestas eficaces e innovadoras para todos, también en la calidad del trabajo, en particular el indispensable bienestar. Es aquello que algunos llaman el “sistema Emilia”. Traten de llevarlo adelante. Hay necesidad de soluciones estables y capaces de ayudar a mirar al futuro para responder a las necesidades de las personas y de las familias.

En su territorio desde hace tiempo se ha desarrollado la experiencia cooperativa, que nace del valor fundamental de la solidaridad. Hoy esa tiene todavía mucho por ofrecer, también para ayudar a tantos que están en dificultad y tienen necesidad de ese “ascensor social” que según algunos estaría del todo fuera de uso. No dobleguemos jamás la solidaridad a la lógica del provecho financiero, porque así la quitamos – podría decir la robamos – a los más débiles que tienen tanta necesidad. Buscar una sociedad más justa no es un sueño del pasado sino un compromiso, un trabajo, que hoy tiene necesidad de todos.

La situación de la desocupación juvenil e aquella de tantos que han perdido el trabajo y no logran re-inserirse son realidades a las cuales no podemos acostumbrarnos, tratándolas como si fueran solamente estadísticas.

La acogida y la lucha a la pobreza pasan en gran parte a través del trabajo. No se ofrece verdadera ayuda a los pobres sin que puedan encontrar trabajo y dignidad. Este es el desafío apasionado, como en los años de la reconstrucción después de la guerra, que tanta pobreza había dejado. El reciente “Pacto para el trabajo”, que ha visto a todas las partes sociales, y también la Iglesia firmar un común empeño para ayudar en la búsqueda de respuestas estables, no de limosnas, es un método importante que deseo pueda dar los frutos esperados.

La crisis económica tiene una dimensión europea y global; y, como sabemos, esta es también crisis ética, espiritual y humana. A la raíz existe una traición del bien común, de parte sea de los individuos sea de los grupos de poder. Es necesario pues quitar centralidad a la ley del provecho y asignarla a la persona y al bien común. Pero para que esta centralidad sea real, efectiva y no sólo proclamada con palabras, es necesario aumentar las oportunidades de trabajo digno. Este es una tarea que pertenece a la sociedad entera: en esta fase en modo particular, todo el cuerpo social, en sus varios componentes, está llamado a realizar todo esfuerzo para que el trabajo, que es factor primario de dignidad, sea una preocupación central.

Aquí nos encontramos ante San Petronio, recordado como Pater et Protector y representado siempre con la ciudad entre sus manos. De aquí físicamente vemos tres aspectos  constitutivos de su ciudad: la Iglesia, el Municipio y la Universidad. Cuando ellos dialogan y colaboran entre sí, se refuerza el precioso humanismo que ellos expresan y la ciudad – por así decir – respira, tiene un horizonte, y no tiene miedo de afrontar los desafíos que se presentan. Los animo a valorizar este humanismo del cual son depositarios para buscar soluciones sabias y prudentes a los complejos problemas de nuestro tiempo, viéndolas si como dificultades, pero también como oportunidades de crecimiento y de mejoría. Y esto que les digo vale para Italia en su conjunto y para la entera Europa.

Queridos amigos, les soy particularmente cercano, poniendo en las manos del Señor y de la Virgen de San Lucas todas sus ansias y preocupaciones. A Ella, tan venerada por todos los boloñeses, nos dirigimos ahora con la oración del Ángelus.

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)


El Papa a los ciudadanos de Cesena: “Sólo una buena política podrá promover el bien común”

(RV).- “Es necesario relanzar los derechos de la buena política, su idoneidad específica para servir al bien público, para actuar de tal modo de disminuir las desigualdades, para promover con medidas concretas el bien de las familias, para dar un sólido marco de derechos-deberes y para hacerlos efectivos para todos”, lo dijo el Papa Francisco durante el Encuentro con los ciudadanos de Cesena, el primer domingo de octubre, en el marco de su Visita Pastoral a esta ciudad con motivo del Tercer Centenario del nacimiento del Papa Pío VI y a Bolonia para la clausura del Congreso Eucarístico diocesano.

En su discurso, el Santo Padre resaltó la riqueza de esta ciudad, llena de historia que entre sus hijos ilustres, ha dado al mundo a dos Papas: Pío VI, de quien recordamos el tercer aniversario de su nacimiento, dijo, y Pío VII. “Desde hace siglos – afirmó el Pontífice – esta Plaza constituye el punto de encuentro de los ciudadanos y el ámbito donde se desarrolla el mercado. Por ello, se llama: Plaza del Pueblo, o simplemente ‘la Plaza’, espacio público en el cual se toman decisiones relevantes para la ciudad en el Palacio Municipal y se desarrollan  iniciativas económicas y sociales”.

La Plaza, señaló el Papa, es un lugar emblemático, donde las aspiraciones de los individuos se confrontan con las exigencias, las expectativas y los sueños de la entera ciudadanía; donde los grupos particulares, agregó el Santo Padre, toman conciencia que sus deseos deben estar en armonía con aquellos de la colectividad. “Donde se aprende que, sin perseguir con constancia, empeño e inteligencia el bien común, ni siquiera los individuos podrán beneficiarse de sus derechos y realizar sus más nobles aspiraciones, porque disminuiría el espacio ordenado y civil en el cual vivir y obrar”.

“La centralidad de la plaza – precisó el Papa Francisco – envía por lo tanto el mensaje que es esencial trabajar todos juntos por el bien común. Y esta es la base del buen gobierno de la ciudad, que la hace bella, sana y acogedora, lugar de encuentro de iniciativas y motor de un desarrollo sostenible e integral”. En este sentido, el Santo Padre precisó que es necesario una buena política para la vida común de un pueblo, que no de espacio a las ambiciones individuales o a la prepotencia de algunas facciones o centros de interés; sino una política que sea responsable, valiente y prudente al mismo tiempo; que haga crecer la participación de las personas, su progresiva inclusión y pertenencia. Es decir, subrayó el Pontífice, una política que sepa armonizar las legítimas aspiraciones de los individuos y de los grupos teniendo el timón firme en los intereses de la entera ciudadanía.

“Este es el rostro auténtico de la política y su razón de ser – puntualizó el Papa Francisco – un servicio inestimable por el bien de la entera colectividad. Y este es el motivo por el cual la doctrina social de la Iglesia la considera una noble forma de caridad. Por ello, invito a los jóvenes y más pequeños a prepararse adecuadamente y comprometerse personalmente en este campo, asumiendo desde ahora la perspectiva del bien común y rechazando incluso toda mínima forma de corrupción”.

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco recordó que toda la Región de Emilia-Romaña ha sido siempre una tierra que tiene la pasión por la política. “Quisiera decir a todos – agregó el Papa – descubran también para hoy el valor de esta dimensión esencial de la convivencia civil y den su contribución, siempre listos para hacer prevalecer el bien del todo sobre la parte; siempre listos a reconocer que toda idea debe ser verificada y remodelada en relación con la realidad”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)


El Papa Francisco en Bolonia se encuentra con los migrantes

(RV).- Poco después de las 10 de la mañana, del primer domingo de octubre, el helicóptero en que viajaba el Papa Francisco aterrizó en Bolonia procedente de Cesena donde había transcurrido las primeras dos horas de su intensa visita pastoral a la Región italiana de Emilia-Romaña,  en el norte del país.

La primera actividad pública del Santo Padre en esta ciudad fue su visita al Centro Regional de acogida de via Mattei donde se encontró con los jóvenes norafricanos que aquí reciben alojamiento y servicios de atención tras desembarcar en las costas italianas.

Monseñor Matteo Maria Zuppi, Arzobispo de Bolonia, junto al Presidente de la mencionada Región, el Prefecto de esta ciudad y el alcalde recibieron a su llegada al Pontífice.

En el Centro Regional de acogida – que antiguamente era un lugar de detención en el que se procedía a la identificación y expulsión de los ciudadanos que ingresaban en Europa de modo ilegal – unos mil emigrantes huéspedes esperaban al Papa. Y lo  hacán con sus sonrisas y manos extendidas, mientras con sus teléfonos celulares se fotografiaban con Francisco para enviar inmediatamente sus “selfis” a sus familias de origen.  

El Santo Padre – llamándolos “queridos hermanos y hermanas” – los saludó cordialmente asegurándoles, ante todo, su cercanía. A la vez que les explicó que él mismo quiso que éste fuera el lugar de su primer encuentro en Bolonia; puesto que es el “puerto” de llegada de quienes proceden desde tan lejos con sacrificios que a veces ni siquiera ellos mismo logran relatar.

El Obispo de Roma destacó que muchos no los conocen y los temen, lo que les hace sentir que tienen el derecho de juzgarlos, haciéndolo con dureza y frialdad, creyendo que ven bien.

Sin embargo, el Papa dijo que “no es así”. Puesto que “sólo se ve bien con la cercanía que da la misericordia”. Sin la misericordia – añadió – “el otro permanece un extraño, incluso un enemigo”, que “no puede llegar a ser mi prójimo”.

Y lo mismo sucede – prosiguió diciendo Francisco – cuando se escriben frases e insultos terribles en internet. De manera que si vemos al prójimo “sin misericordia”, no percibimos su sufrimiento y sus problemas. A la vez que añadió: “Hoy veo sólo tantas ganas de amistad y de ayuda”.

Por esta razón el Santo Padre agradeció a las instituciones  y a todos los voluntarios la atención y el esmero con que se ocupan de quienes son hospedados en este lugar.

Naturalmente Francisco afirmó que este fenómeno migratorio requiere una visión y una gran determinación en su gestión, con inteligencia y estructuras que no permitan la explotación que es más inaceptable aún, cuando se trata de personas pobres.

De ahí que el Papa haya manifestado que a su juicio “es verdaderamente necesario que un mayor número de países adopten programas de sustento privado y comunitario a la acogida y que abran corredores humanitarios para los refugiados que padecen situaciones difíciles, para evitar expectativas insoportables y tiempo perdido, que pueden ilusionar”.

“La integración comienza con el conocimiento” – dijo Francisco – y añadió que el contacto con el otro conduce a descubrir el ‘secreto’ que cada uno lleva consigo y también el don que representa, para abrirse a él a fin de acoger los aspectos válidos, aprendiendo así a quererse y venciendo el miedo, ayudándolo a insertarse en la nueva comunidad que lo recibe”.

Después de algunas consideraciones, el Santo Padre los definió “luchadores de esperanza”. Mientras recordó que algunos no llegaron por haber sido literalmente “engullidos” por el desierto o el mar… Algo que, los hombres no recuerdan – dijo – pero Dios conoce sus nombres y los recibe.

En cuanto a la Iglesia el Obispo de Roma afirmó que “es una madre que no hace distinción y que ama a cada hombre como hijo de Dios, es decir, a su imagen”. A la vez que recordó que desde siempre Bolonia ha sido una ciudad famosa por la acogida.

En efecto, Bolonia fue la primera ciudad en Europa, hace ya 760 años, que liberó a los siervos de la esclavitud – recordó el Pontífice – exactamente a 5.855. Muchísimos – dijo – y sin embargo – añadió –  “Bolonia no tuvo miedo”. Puede ser – prosiguió explicando el Papa – que haya sido también por razones económicas, porque la libertad ayuda a todos y a todos conviene”. Pero “no tuvieron miedo de acoger a aquellas que entonces eran consideradas ‘no personas’ y a reconocerlas como seres humanos”. Por eso “¡escribieron en un libro los nombres de cada uno!” – exclamó –  y añadió: “Cómo quiera que también sus nombres fueran escritos y recordados para encontrar juntos, como sucedió entonces, un futuro común”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).


El Papa en el Ángelus: “Es tarea de la sociedad entera la preocupación por el trabajo digno”

(RV).- “Es necesario quitar centralidad a la ley del provecho y asignarla a la persona y al bien común. Pero para que esta centralidad sea real, efectiva y no sólo proclamada con palabras, es necesario aumentar las oportunidades de trabajo digno”, lo dijo el Papa Francisco antes de rezar la oración mariana del Ángelus, durante el Encuentro con el mundo del trabajo, los desempleados y los representantes industriales de Bolonia, el primer domingo de octubre, en el marco de su Visita Pastoral a esta ciudad con motivo de la clausura del Congreso Eucarístico diocesano.

“La crisis económica tiene una dimensión europea y global, señaló el Santo Padre, y, como sabemos, dijo, esta es también una crisis ética, espiritual y humana, y a la raíz existe una traición del bien común, de parte sea de los individuos sea de los grupos de poder”. Hacer frente a esta problemática, señaló el Papa, es una tarea que pertenece a la sociedad entera: en esta fase en modo particular, todo el cuerpo social, en sus varios componentes, está llamado a realizar todo esfuerzo para que el trabajo, que es factor primario de dignidad, sea una preocupación central.

Texto completo de las palabras del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buen domingo!

Los saludo a todos ustedes que pertenecen al mundo del trabajo, en la variedad de sus expresiones. Entre ellas existe lamentablemente también aquella negativa, es decir, la situación difícil, a veces angustiante, de la falta de trabajo. ¡Gracias por su acogida!

Ustedes representan las diversas partes sociales, muchas veces en discusión incluso dura entre ellas, pero han aprendido que solo juntos se puede salir de la crisis y construir el futuro. Sólo el diálogo, en las reciprocas competencias, puede permitir encontrar respuestas eficaces e innovadoras para todos, también en la calidad del trabajo, en particular el indispensable bienestar. Es aquello que algunos llaman el “sistema Emilia”. Traten de llevarlo adelante. Hay necesidad de soluciones estables y capaces de ayudar a mirar al futuro para responder a las necesidades de las personas y de las familias.

En su territorio desde hace tiempo se ha desarrollado la experiencia cooperativa, que nace del valor fundamental de la solidaridad. Hoy esa tiene todavía mucho por ofrecer, también para ayudar a tantos que están en dificultad y tienen necesidad de ese “ascensor social” que según algunos estaría del todo fuera de uso. No dobleguemos jamás la solidaridad a la lógica del provecho financiero, porque así la quitamos – podría decir la robamos – a los más débiles que tienen tanta necesidad. Buscar una sociedad más justa no es un sueño del pasado sino un compromiso, un trabajo, que hoy tiene necesidad de todos.

La situación de la desocupación juvenil e aquella de tantos que han perdido el trabajo y no logran re-inserirse son realidades a las cuales no podemos acostumbrarnos, tratándolas como si fueran solamente estadísticas.

La acogida y la lucha a la pobreza pasan en gran parte a través del trabajo. No se ofrece verdadera ayuda a los pobres sin que puedan encontrar trabajo y dignidad. Este es el desafío apasionado, como en los años de la reconstrucción después de la guerra, que tanta pobreza había dejado. El reciente “Pacto para el trabajo”, que ha visto a todas las partes sociales, y también la Iglesia firmar un común empeño para ayudar en la búsqueda de respuestas estables, no de limosnas, es un método importante que deseo pueda dar los frutos esperados.

La crisis económica tiene una dimensión europea y global; y, como sabemos, esta es también crisis ética, espiritual y humana. A la raíz existe una traición del bien común, de parte sea de los individuos sea de los grupos de poder. Es necesario pues quitar centralidad a la ley del provecho y asignarla a la persona y al bien común. Pero para que esta centralidad sea real, efectiva y no sólo proclamada con palabras, es necesario aumentar las oportunidades de trabajo digno. Este es una tarea que pertenece a la sociedad entera: en esta fase en modo particular, todo el cuerpo social, en sus varios componentes, está llamado a realizar todo esfuerzo para que el trabajo, que es factor primario de dignidad, sea una preocupación central.

Aquí nos encontramos ante San Petronio, recordado como Pater et Protector y representado siempre con la ciudad entre sus manos. De aquí físicamente vemos tres aspectos  constitutivos de su ciudad: la Iglesia, el Municipio y la Universidad. Cuando ellos dialogan y colaboran entre sí, se refuerza el precioso humanismo que ellos expresan y la ciudad – por así decir – respira, tiene un horizonte, y no tiene miedo de afrontar los desafíos que se presentan. Los animo a valorizar este humanismo del cual son depositarios para buscar soluciones sabias y prudentes a los complejos problemas de nuestro tiempo, viéndolas si como dificultades, pero también como oportunidades de crecimiento y de mejoría. Y esto que les digo vale para Italia en su conjunto y para la entera Europa.

Queridos amigos, les soy particularmente cercano, poniendo en las manos del Señor y de la Virgen de San Lucas todas sus ansias y preocupaciones. A Ella, tan venerada por todos los boloñeses, nos dirigimos ahora con la oración del Ángelus.

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)