sábado, 27 de febrero de 2016

Programa en español para Guinea Ecuatorial y África

(RV).- «Fidelidad y Misericordia son un binomio inseparable», señaló el Obispo de Roma en la Santa Misa en la fiesta litúrgica de la Cátedra de Pedro – el 22 de febrero – celebrando la jornada jubilar de la Curia Romana, del Gobernatorato y de la Santa Sede, ante la tumba del Apóstol Pedro.

«Estamos llamados a ser colaboradores de Dios, testimoniando la gracia del Espíritu que renueva», señaló el Santo Padre alentando a «redescubrir la belleza de profesar la fe en el Señor Jesús y de actuar según el corazón de Cristo».

Precisamente en la audiencia jubilar del sábado anterior a esta celebración, recordando que es un día de especial comunión de los creyentes con el Sucesor de San Pedro y con la Santa Sede, el Obispo de Roma señaló que en este Año Santo, es también jornada jubilar para la Curia Romana, que trabaja cotidianamente al servicio del pueblo cristiano.

Y exhortó a perseverar en la oración en favor de su Ministerio universal.

Abolir la pena de muerte y ninguna ejecución en el Año de la Misericordia, fue el apremiante llamamiento del Papa Francisco, en la cita para el rezo del Ángelus, el segundo domingo de Cuaresma.

Después del rezo a la Madre de Dios el Papa apeló a las conciencias de los gobernantes, en especial a los católicos, en el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Y pidió también mejorar las condiciones de reclusión y el respeto de la dignidad humana

El Santo Padre recordó su reciente viaje apostólico a México y dijo que «fue una experiencia de transfiguración». Y agradeciendo al Señor y a la Virgen de Guadalupe por el don de esta peregrinación, invitó a elevar una alabanza especial a la Santísima Trinidad por el encuentro con el Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, en Cuba.

Nos acompaña la Voz de los Peregrinos en la Plaza de San Pedro

(CdM – RV)


Sean artífices de un nuevo ‘humanismo del trabajo’, exhortó el Papa a empresarios italianos

Afianzados en la justicia y respeto de la dignidad del trabajo, al servicio del bien común, nunca la ganancia económica por encima del hombre

(RV).- El Papa Francisco recibió, el sábado de la segunda semana de Cuaresma, a más de siete mil representantes de la Confindustria, que es la confederación italiana que desde hace más de cien años reúne a más de 150 mil empresas.

El Obispo de Roma destacó, con su cordial bienvenida, el compromiso que se proponen cumplir los miembros de esta asociación, que por primera vez encuentra al Santo Padre, y subrayó el lema que han elegido para su encuentro jubilar: “Hacer juntos”.

Lema que conlleva “trabajar juntos”, involucrando a los sujetos a menudo olvidados o descuidados. Como las familias, los ancianos, los jóvenes, recordó el Papa, alentando a que el centro de cada empresa sea el hombre, sus sueños, sus necesidades, sus esperanzas y sus fatigas.

Con su Exhortación apostólica Evangelii gaudium, el Santo Padre hizo hincapié en que ante tantas barreras de injusticia, soledad y desconfianza el mundo del trabajo «está llamado a dar pasos valientes, para que ‘encontrarse y hacer juntos’ no sea solo un lema, sino un programa para el presente y el futuro».

El Santo Padre concluyó alentándolos a ser constructores del bien común y artífices de un nuevo “humanismo del trabajo”:

“Queridos amigos, ustedes tienen “una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos” (Carta encíclica Laudato si’, 129); por tanto, están llamados a ser constructores del bien común y artífices de un nuevo “humanismo del trabajo”. Están llamados a tutelar la profesionalidad y, al mismo tiempo, a prestar atención a las condiciones en las que el trabajo se realiza, para que no se verifiquen incidentes y situaciones de malestar. Que su camino a seguir sea siempre la justicia, que rechaza los atajos de las recomendaciones y de los favoritismos, y las desviaciones peligrosas de la deshonestidad y de los fáciles acuerdos. Que la ley suprema sea en todo la atención a la dignidad del otro, valor absoluto e indisponible. Que este horizonte de altruismo caracterice su compromiso que los llevará a rechazar categóricamente que la dignidad de la persona sea pisoteada en nombre de exigencias productivas, que enmascaran miopías individualistas, tristes egoísmos y sed de ganancia. En cambio, que la empresa que ustedes representan esté siempre abierta a aquel “significado más amplio de la vida”, que le permitirá “servir verdaderamente al bien común, con su esfuerzo por multiplicar y volver más accesibles para todos los bienes de este mundo” (Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 203). Que el bien común sea, precisamente, la brújula que oriente la actividad productiva, para que crezca una economía de todos y para todos, que no sea “insensible a la mirada de los necesitados” (Si 4,1). Esto es verdaderamente posible, con la condición de que la simple proclamación de la libertad económica no prevalezca sobre la concreta libertad del hombre y sobre sus derechos, que el mercado no sea absoluto, sino que honre las exigencias de la justicia y, en último análisis, de la dignidad de la persona. Porque no hay libertad sin justicia y no hay justicia sin el respeto de la dignidad de cada uno.

Les agradezco su empeño y todo el bien que hacen y que podrán hacer. Que el Señor los bendiga. Y les pido, por favor, que no se olviden de rezar por mí”.

(CdM – RV)

Texto completo del discurso del Papa:

"Amables Señores y Señoras ¡buenos días!

Saludo a todos ustedes representantes del mundo empresarial que han venido tan numerosos y agradezco al presidente Señor Squinzi, así como al Señor Ghizzoni y a la Señora Marcegaglia, por las palabras que me han dirigido.

Con este encuentro, que constituye una novedad en la historia de su Asociación, se han propuesto confirmar un compromiso: el de contribuir con su trabajo a una sociedad más justa y cercana a las necesidades del hombre. Quieren reflexionar juntos sobre la ética del hacer empresa; juntos han decidido reforzar la atención a los valores que son la ‘columna vertebral’ de los proyectos de formación, de valorización del territorio y de promoción de las relaciones sociales y que permiten una alternativa concreta al modelo consumista del provecho a toda costa.

‘Hacer juntos’ es la expresión que han elegido como guía y orientación. Ella inspira a colaborar, a compartir, a preparar el camino a relaciones regidas por un sentido de responsabilidad común. Esto allana el camino a nuevas estrategias, a nuevos estilos, nuevas actitudes. ¡Cuán distinta sería nuestra vida si aprendiéramos de verdad, día tras día, a trabajar, a pensar, a construir juntos!

En el complejo mundo de la empresa, "trabajar juntos" significa invertir en proyectos que sepan involucrar sujetos que a menudo son olvidados o descuidados. Entre ellos, sobre todo, las familias, focos de humanidad, en las cuales la experiencia del trabajo, el sacrificio que lo alimenta y los frutos que derivan encuentran sentido y valor.  Y, junto con las familias, no podemos olvidar las categorías más débiles y marginadas, como los ancianos, que podrían todavía expresar recursos y energía para una colaboración activa pero a menudo son descartados como inútiles e improductivos. ¿Y qué decir  de todos aquellos trabajadores potenciales, especialmente de los jóvenes, prisioneros de la precariedad o de largos periodos de desempleo, no son interpelados por una solicitud de trabajo para darles, así como un salario justo, incluso aquella dignidad con la que a veces se sienten privados?

Todas estas fuerzas, juntas, pueden hacer la diferencia a una empresa que ponga en el centro a la persona, la calidad de sus relaciones, la verdad de su esfuerzo por construir un mundo más justo, un mundo de verdad de todos. “Hacer juntos”, significa, de hecho, establecer el trabajo no sobre el genio solidario de un individuo, sino sobre la colaboración de muchos. Significa en otros términos, “hacer redes” para valorar los dones de todos, sin dejar de lado el carácter único e irrepetible de cada uno. Que al centro de cada empresa sea, por lo tanto, el hombre: no aquel abstracto, ideal, teórico, pero aquel concreto, con sus sueños, sus necesidades, sus esperanzas y sus fatigas.

Esta atención a la persona concreta conlleva una serie de elecciones importantes: significa dar a cada uno lo suyo, quitando a madres y a padres de familia la angustia de no poder dar un futuro y ni siquiera un presente a los propios hijos; significa saber dirigir, pero también saber escuchar, compartiendo con humildad y confianza proyectos e ideas; significa hacer que el trabajo cree otro trabajo, la responsabilidad cree otra responsabilidad, la esperanza cree otra esperanza, sobre todo para las jóvenes generaciones, que de esto tienen necesidad hoy más que nunca.

En la Exhortación apostólica Evangelii gaudium volví a lanzar el desafío de apoyarnos unos a otros, de hacer de la experiencia compartida una ocasión para «mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos» (n. 87). Ante tantas barreras de injusticia, de soledad, de desconfianza y de sospecha que todavía en nuestros días vienen erigidas, el mundo del trabajo, del cual ustedes son actores de primer plano, está llamado a dar pasos valientes para que “encontrarse y hacer juntos” no sea solo un lema, sino un programa para el presente y el futuro.

Queridos amigos, ustedes tienen “una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos” (Carta encíclica Laudato si’, 129); por tanto, están llamados a ser constructores del bien común y artífices de un nuevo “humanismo del trabajo”. Están llamados a tutelar la profesionalidad y, al mismo tiempo, a prestar atención a las condiciones en las que el trabajo se realiza, para que no se verifiquen incidentes y situaciones de malestar. Que su camino a seguir sea siempre la justicia, que rechaza los atajos de las recomendaciones y de los favoritismos, y las desviaciones peligrosas de la deshonestidad y de los fáciles acuerdos. Que la ley suprema sea en todo una atención a la dignidad del otro, valor absoluto e indisponible. Que este horizonte de altruismo caracterice su compromiso que los llevará a rechazar categóricamente que la dignidad de la persona sea pisoteada en nombre de exigencias productivas, que enmascaran miopías individualistas, tristes egoísmos y sed de ganancia. En cambio, que la empresa que ustedes representan esté siempre abierta a aquel “significado más amplio de la vida”, que le permitirá “servir verdaderamente al bien común, con su esfuerzo por multiplicar y volver más accesibles para todos los bienes de este mundo” (Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 203). Que el bien común sea, precisamente, la brújula que oriente la actividad productiva, para que crezca una economía de todos y para todos, que no sea “insensible a la mirada de los necesitados” (Si 4,1). Esto es verdaderamente posible, con la condición de que la simple proclamación de la libertad económica no prevalezca sobre la concreta libertad del hombre y sobre sus derechos, que el mercado no sea absoluto, sino que honre las exigencias de la justicia y, en último análisis, de la dignidad de la persona. Porque no hay libertad sin justicia y no hay justicia sin el respeto de la dignidad de cada uno.

Les agradezco su empeño y todo el bien que hacen y que podrán hacer. Que el Señor los bendiga. Y les pido, por favor, que no se olviden de rezar por mí.

Y ahora quisiera pedir al Señor que los bendiga, a todos ustedes, a sus familias, a sud empresas".


Frutos de misericordia: corporales y espirituales

NOTA ECLESIAL

(RV).- “Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante” (Lc 13, 8-9), es la plegaria del Viñador que suplica la misericordia divina, pero también un llamado a la conversión al pueblo estéril que no muestra los frutos de santidad.

Esta parábola hoy la vivimos de manera personal en la esterilidad de la respuesta a la llamada de Dios a la conversión. En pleno Jubileo de la Misericordia, resuena el llamado a ser higuera fértil cuyos frutos sean encontrados por Dios como signo de adhesión a su invitación compasiva y misericordiosa.

Remover la tierra de nuestro ser cristiano, equivale a sentirnos pecadores pero con el arrepentimiento y la decisión de aceptar el llamado de Dios, convirtiendo la higuera infértil en frutos que se cultivan cada día con la misericordia de Señor.

Por tanto estos frutos deben ser de misericordia. El Papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma 2016, afirma que “es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales”.

Y estas obras deber ser visibles “en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados”. También explica el Santo Padre que “mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar”.  

El Jubileo de la Misericordia es un tiempo propicio para abonar nuestra vida cristiana con el amor misericordioso de Dios, escuchando su Palabra, viviéndolo en el sacramento de la Reconciliación, y cosechando los frutos de las obras de misericordia de ahora en adelante.

 

P. Johan Pacheco para RADIO VATICANA.

@padrejohan

 


El Papa recibió al Presidente de la República Argentina, Ingeniero Mauricio Macri

(RV).-  El Santo Padre recibió la mañana del sábado 27 de febrero en el Vaticano, al Señor Presidente de la República Argentina, Ingeniero Mauricio Macri acompañado por la consorte y séquito.

Después de la cordial bienvenida, tuvo lugar el coloquio privado, una conversación de aproximadamente unos veinticinco minutos de duración, seguida por la presentación de las delegaciones y el intercambio de los dones.

La delegación argentina estuvo compuesta por los gobernadores de las provincias de Salta, Mendoza y Tierra del Fuego, además del Jefe de Gabinete, el Canciller de la Nación, el Secretario de Culto, el Secretario de Asuntos Estratégicos, el encargado de protocolo y el neo Embajador ante la Santa sede, Sr. Rogelio Pfirter.

El Ing. Macri donó al Papa Francisco un poncho, una colección de música de diferentes regiones argentinas y una de Cruz de Matará, símbolo de la evangelización en América.  

Por su parte el Santo Padre regaló al Presidente de la Argentina la Encíclica Laudato Sii sobre el Cuidado de la Creación, la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, y un medallón en bronce que representa una roca partida por la mitad, de cuya rotura florece un ramo de olivo que une las dos partes. Alrededor del medallón las palabras: “Busca lo que une. Supera lo que divide”.

Posteriormente el Presidente de la República Argentina mantuvo el encuentro con el Secretario de Estado Vaticano, el Cardenal Pietro Parolin.

(GM – RV)


¿Dónde vivió San Ignacio de Loyola sus últimos 12 años de vida?

(RV).- En el programa Huellas en la Cultura de esta semana visitamos la casa romana donde San Ignacio de Loyola vivió sus últimos doce años de vida. De la mano de Tito García, jesuita peruano que vive y estudia en Italia, conocemos estos 80 metros cuadrados llenos de historia.

El apartamento -situado en la Plaza del Jesús, 45 de la capital italiana- está formado por diferentes habitaciones entre las que se encuentra el dormitorio del santo español, su estudio donde recibía a los misioneros jesuitas de todo el mundo, la capilla donde murió el 31 de julio de 1556 y una habitación que era donde dormía el Hermano Juan Pablo Borrel. Un espacio sencillo, lleno de elementos que hacen ver cómo fue la vida del fundador de la Compañía de Jesús como sus zapatos, cartas y cuadros, entre otros.

Y en esta visita también podrán conocer una de las joyas barrocas más desconocida de la ciudad, obra del artista Andrea Pozzo. Se trata de un corredor decorado con frescos que datan del 1680, donde el artista juega con la perspectiva gracias a la técnica “trampantojo”, ilustrando la glorificación de San Ignacio de Loyola con escenas de sus milagros y el esplendor celestial.

En la entrevista a Radio Vaticano, Tito García también explica paso a paso su vida, a través de las imágenes de Rubens, que retratan al fundador de la Compañía de Jesús en los diferentes momentos de su vida, pasando por Pamplona, Monserrat, Alcalá de Henares, París…

(MZ-RV)


¿Dónde vivió San Ignacio de Loyola sus últimos 12 años de vida?

(RV).- En el programa Huellas en la Cultura de esta semana visitamos la casa romana donde San Ignacio de Loyola vivió sus últimos doce años de vida. De la mano de Tito García, jesuita peruano que vive y estudia en Italia, conocemos estos 80 metros cuadrados llenos de historia.

El apartamento -situado en la Plaza del Jesús, 45 de la capital italiana- está formado por diferentes habitaciones entre las que se encuentra el dormitorio del santo español, su estudio donde recibía a los misioneros jesuitas de todo el mundo, la capilla donde murió el 31 de julio de 1556 y una habitación que era donde dormía el Hermano Juan Pablo Borrel. Un espacio sencillo, lleno de elementos que hacen ver cómo fue la vida del fundador de la Compañía de Jesús como sus zapatos, cartas y cuadros, entre otros.

Y en esta visita también podrán conocer una de las joyas barrocas más desconocida de la ciudad, obra del artista Andrea Pozzo. Se trata de un corredor decorado con frescos que datan del 1680, donde el artista juega con la perspectiva gracias a la técnica “trampantojo”, ilustrando la glorificación de San Ignacio de Loyola con escenas de sus milagros y el esplendor celestial.

En la entrevista a Radio Vaticano, Tito García también explica paso a paso su vida, a través de las imágenes de Rubens, que retratan al fundador de la Compañía de Jesús en los diferentes momentos de su vida, pasando por Pamplona, Monserrat, Alcalá de Henares, París…

(MZ-RV)


¿Dónde vivió San Ignacio de Loyola sus últimos 12 años de vida?

(RV).- En el programa Huellas en la Cultura de esta semana visitamos la casa romana donde San Ignacio de Loyola vivió sus últimos doce años de vida. De la mano de Tito García, jesuita peruano que vive y estudia en Italia, conocemos estos 80 metros cuadrados llenos de historia.

El apartamento -situado en la Plaza del Jesús, 45 de la capital italiana- está formado por diferentes habitaciones entre las que se encuentra el dormitorio del santo español, su estudio donde recibía a los misioneros jesuitas de todo el mundo, la capilla donde murió el 31 de julio de 1556 y una habitación que era donde dormía el Hermano Juan Pablo Borrel. Un espacio sencillo, lleno de elementos que hacen ver cómo fue la vida del fundador de la Compañía de Jesús como sus zapatos, cartas y cuadros, entre otros.

Y en esta visita también podrán conocer una de las joyas barrocas más desconocida de la ciudad, obra del artista Andrea Pozzo. Se trata de un corredor decorado con frescos que datan del 1680, donde el artista juega con la perspectiva gracias a la técnica “trampantojo”, ilustrando la glorificación de San Ignacio de Loyola con escenas de sus milagros y el esplendor celestial.

En la entrevista a Radio Vaticano, Tito García también explica paso a paso su vida, a través de las imágenes de Rubens, que retratan al fundador de la Compañía de Jesús en los diferentes momentos de su vida, pasando por Pamplona, Monserrat, Alcalá de Henares, París…

(MZ-RV)