jueves, 30 de noviembre de 2017

Misa de Francisco con los jóvenes: “Vosotros sois una buena noticia”

De Juan Carlos Velarde

En el último día de la visita del Papa Francisco a Myanmar, llegó el momento de poner el broche de oro a estos días tan importantes en el deseo del Papa, que ha llegado como peregrino de la paz “para rezar con la pequeña pero ferviente comunidad católica de esta nación, para confirmarla en la fe y alentarla a seguir contribuyendo al bien del país”.

En la Catedral de la Inmaculada Concepción en Yangon, el Papa celebró la Misa con los jóvenes en la memoria del Apóstol San Andrés. El Papa Francisco a lo largo de su Pontificado ha resaltado mucho el papel de los jóvenes en la construcción de una sociedad fraterna y en paz. De hecho a su llegada a Myanmar en el encuentro que mantuvo con las Autoridades, Sociedad civil y cuerpo diplomático señaló: “… los jóvenes de la nación son un regalo que hay que apreciar y alentar, una inversión que producirá un fruto abundante si se les ofrecen oportunidades reales de empleo y una educación de calidad… Es esencial que no se les robe a nuestros jóvenes la esperanza y la posibilidad de emplear su idealismo y su talento en remodelar el futuro de su país, es más, de toda la familia humana”.

En la homilía del Santo Padre dio gracias a Dios por todo lo vivido en estos días en Myanmar. Tomó para su reflexión la siguiente frase del Profeta Isaías: «¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien!» (Rm 10,15; cf. Is 52,7).

El Papa felicitó a los jóvenes porque son mensajeros de “buenas noticias” …les dijo: “por ser signos concretos de la fe de la Iglesia en Jesucristo, que nos hace experimentar un gozo y una esperanza que nunca morirán… Desde su fe en Jesucristo –afirmó- están listos para ser mensajeros de esperanza, una esperanza que ayudará al futuro del país”.

El Papa además les propuso un desafío en tres preguntas concretas a las que unió algunas ideas para guiarles en el camino de la fe y ayudarles a discernir.

Ante la primera pregunta: «¿cómo puede alguien creer en el Señor sin haber oído hablar de él?». El Papa les dijo: “Se necesitan personas auténticas que sepan escuchar, de ahí la necesidad de la oración, de cultivar la vida interior y también del diálogo con los santos, entre los que destacó a San Andrés “un sencillo pescador que acabó siendo un gran mártir, un testigo del amor de Jesús que aprendió gradualmente a ser un verdadero discípulo de Cristo”. Ante las dificultades del camino el Papa les dijo: “No tengáis miedo de aprender de vuestros propios errores… Sabed que Jesús está lleno de misericordia”.

En la segunda pregunta: «¿Cómo van a oír hablar de Jesús sin un mensajero que lo anuncie?». El Papa les recordó que ésta es una gran tarea encomendada de manera especial a los jóvenes: ser «discípulos misioneros», mensajeros de la buena noticia de Jesús. No tengáis miedo de hacer lío, de plantear preguntas que hagan pensar a la gente. Os pido que gritéis, para ser con vuestra vida signos de esperanza para los que están desanimados”.

La última pregunta sobre la que reflexionó el Papa fue: «¿Cómo puede haber un mensajero sin que sea enviado?». “Al final de esta Misa, -señaló el Santo Padre- todos seremos enviados, para llevar con nosotros los dones que hemos recibido y compartirlos con los demás. Esto puede provocar un poco de desánimo, ya que no siempre sabemos a dónde nos puede enviar Jesús. Pero él nunca nos manda sin caminar al mismo tiempo a nuestro lado. El Señor invitará a algunos de vosotros a seguirlo como sacerdotes… A otros los llamará a la vida religiosa, a otros a la vida matrimonial, a ser padres y madres amorosos. Cualquiera que sea vuestra vocación, os exhorto: ¡sed valientes, sed generosos y, sobre todo, sed alegres!

El Papa finalizó su homilía invitando a mirar a María: “ella tuvo el valor de confiar en la «buena noticia» que había escuchado, y de traducirla en una vida de consagración fiel a su vocación, de entrega total de sí y completa confianza en los cuidados amorosos de Dios”.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

El Papa a los Obispos de Myanmar: “Pastores constructores de paz y unidad”

“Los animo a crecer cada día en la oración y en la experiencia del amor reconciliador de Dios, porque es la base de su identidad sacerdotal, la garantía de la solidez de su predicación y la fuente de la caridad pastoral con la que conducen al Pueblo de Dios por senderos de santidad y de verdad”, con estas palabras el Papa Francisco alentó a los Obispos de Myanmar, durante el Encuentro con los Pastores en la sede del Arzobispado de Rangún, este miércoles 29 de noviembre, en el marco de su Visita Apostólica a este país.

En su discurso, el Santo Padre resaltó la intensa y gozosa jornada que transcurrieron celebrando la Eucaristía junto a los fieles provenientes de todos los rincones del País y encontrando a los líderes de la comunidad budista mayoritaria. “Me gustaría que nuestro encuentro de esta tarde – precisó el Pontífice – fuera un momento de serena gratitud por estas bendiciones y de reflexión tranquila sobre las alegrías y los desafíos de vuestro ministerio de Pastores de la grey de Cristo en este País”.

Refiriéndose a las alegrías y desafíos del ministerio pastoral en Myanmar, el Obispo de Roma les propuso tres palabras claves para su reflexión: sanación, acompañamiento y profecía.

Sanación

“La primera – subrayó el Papa – sanación. El Evangelio que predicamos es sobre todo un mensaje de sanación, reconciliación y paz. Mediante la sangre de Cristo en la cruz, Dios ha reconciliado el mundo consigo y nos ha invitado a ser mensajeros de esta gracia sanadora”. Aquí en Myanmar, agregó el Santo Padre, este mensaje tiene un eco particular, puesto que el País está trabajando para superar divisiones profundamente enraizadas y para construir la unidad nacional. “La unidad que compartimos y celebramos – señaló el Pontífice – nace de la diversidad. Esta valora las diferencias entre las personas como fuente de enriquecimiento mutuo y de crecimiento; los llama a vivir unidos en una cultura del encuentro y la solidaridad”.

En este sentido, el Papa Francisco precisó que, el ministerio de sanación encuentra una expresión particular en el compromiso con el diálogo ecuménico y la colaboración interreligiosa. “Pido para que vuestros esfuerzos continuos en la construcción de puentes de diálogo y en la unión con los seguidores de otras religiones, a fin de tejer una red de relaciones pacíficas, produzcan frutos abundantes para la reconciliación de la vida del País”.

Acompañamiento

La segunda palabra que les propongo esta tarde, dijo el Papa, es acompañamiento. Un buen pastor está constantemente presente ante su grey, conduciéndola mientras camina junto a ella. Como me gusta decir, agregó el Pontífice, el pastor debería oler a oveja. “En estos tiempos estamos llamados a ser una ‘Iglesia en salida’ para llevar la luz de Cristo a cada periferia. En cuanto Obispos, sus vidas y su ministerio están llamados a conformarse a este espíritu de compromiso misionero, sobre todo a través de visitas pastorales regulares a las parroquias y las comunidades que forman vuestras Iglesias locales”.

Por gracia de Dios, señaló el Papa Francisco, la Iglesia en Myanmar ha heredado de quienes trajeron el Evangelio a esta tierra una fe sólida y un ferviente afán misionero. Sobre estos firmes fundamentos, sigan inculcando al laicado el espíritu de un auténtico discipulado misionero, especialmente en los jóvenes, a quienes está dedicado el próximo Sínodo de los Obispos. “Una de las grandes bendiciones de la Iglesia de Myanmar es su juventud y, en particular, el número de seminaristas y de jóvenes religiosos. Siguiendo el espíritu del Sínodo, por favor, involúcrenlos y sosténganlos en su camino de fe, porque están llamados, a través de su idealismo y entusiasmo, a ser evangelizadores alegres y convincentes de sus coetáneos”.

Profecía

Finalmente, mi tercera palabra para ustedes dijo el Papa, es profecía. La Iglesia de Myanmar, agregó, testimonia cotidianamente el Evangelio gracias a sus obras educativas y caritativas, su defensa de los derechos humanos, su respaldo a los principios democráticos. “Pongan a la comunidad católica en condiciones de seguir teniendo un papel constructivo en la vida de la sociedad, haciendo escuchar vuestra voz en cuestiones de interés nacional, insistiendo particularmente en el respeto de la dignidad y los derechos de todos, especialmente de los más pobres y vulnerables”.

Antes de terminar su discurso, el Papa Francisco alentó a los Obispos de Myanmar a seguir adelante en el compromiso de ser pastores fieles y servidores de la grey que Cristo les ha confiado. “Los exhorto a mantener el equilibrio en la salud física sin olvidar la espiritual, en preocuparos de modo paternal por la salud de vuestros sacerdotes. Sobre todo, os animo a crecer cada día en la oración y en la experiencia del amor reconciliador de Dios, porque es la base de vuestra identidad sacerdotal, la garantía de la solidez de vuestra predicación y la fuente de la caridad pastoral con la que conducís al Pueblo de Dios por senderos de santidad y de verdad”.

Renato Martinez – SpC

Texto completo del discurso del Papa Francisco

Discurso a los Obispos

Yangon, Complejo de la Catedral

Miércoles, 29 de noviembre de 2017

Eminencia, queridos hermanos en el episcopado:

Para todos nosotros ha sido una jornada llena, pero de gran alegría. Esta mañana hemos celebrado la Eucaristía junto a los fieles provenientes de todos los rincones del País y por la tarde hemos encontrado a los líderes de la comunidad budista mayoritaria. Me gustaría que nuestro encuentro de esta tarde fuera un momento de serena gratitud por estas bendiciones y de reflexión tranquila sobre las alegrías y los desafíos de vuestro ministerio de Pastores de la grey de Cristo en este País. Agradezco a Mons. Félix [Lian Khen Thang] por las palabras de saludo que en vuestro nombre me ha dirigido. A todos os abrazo con gran afecto en el Señor.

Quisiera ordenar mis pensamientos en torno a tres palabras: sanación, acompañamiento y profecía.

La primera, sanación. El Evangelio que predicamos es sobre todo un mensaje de sanación, reconciliación y paz. Mediante la sangre de Cristo en la cruz, Dios ha reconciliado el mundo consigo y nos ha invitado a ser mensajeros de esta gracia sanadora. Aquí en Myanmar, este mensaje tiene un eco particular, puesto que el País está trabajando para superar divisiones profundamente enraizadas y para construir la unidad nacional. Vuestras comunidades llevan las marcas de este conflicto y han dado testigos valientes de la fe y de las antiguas tradiciones; para vosotros, por tanto, la predicación del Evangelio no debe ser sólo una fuente de consolación y de fortaleza, sino también una llamada a favorecer la unidad, la caridad y la sanación en la vida del pueblo. La unidad que compartimos y celebramos nace de la diversidad. Esta valora las diferencias entre las personas como fuente de enriquecimiento mutuo y de crecimiento; los llama a vivir unidos en una cultura del encuentro y la solidaridad.

Que experimentéis constantemente en vuestro ministerio episcopal la guía y la ayuda del Señor, empeñándoos en favorecer la sanación y la comunión en cada ámbito de la vida de la Iglesia, de modo que el santo Pueblo de Dios, por medio de su ejemplo de perdón y de amor reconciliador, pueda ser sal y luz para todos los corazones que aspiran a esa paz que el mundo no puede dar. La comunidad católica en Myanmar puede estar orgullosa de su testimonio profético de amor a Dios y al prójimo, que se expresa en el compromiso con los pobres, con los que están privados de derechos y sobre todo, en este tiempo, con tantos desplazados que, por así decirlo, yacen heridos a los bordes del camino. Os pido que trasmitáis mi agradecimiento a todos los que, como el Buen Samaritano, trabajan con generosidad para llevar el bálsamo de la sanación a quienes lo necesitan, sin tener en cuenta la religión ni la etnia.

Vuestro ministerio de sanación encuentra una expresión particular en el compromiso con el diálogo ecuménico y la colaboración interreligiosa. Pido para que vuestros esfuerzos continuos en la construcción de puentes de diálogo y en la unión con los seguidores de otras religiones, a fin de tejer una red de relaciones pacíficas, produzcan frutos abundantes para la reconciliación de la vida del País. La conferencia de paz interreligiosa que tuvo lugar en Yangon la pasada primavera es un testimonio importante, ante el mundo, de la determinación de las religiones para vivir en paz y rechazar cualquier acto de violencia y de odio perpetrado en nombre de la religión.

La segunda palabra que os propongo esta tarde es acompañamiento. Un buen pastor está constantemente presente ante su grey, conduciéndola mientras camina junto a ella. Como me gusta decir, el pastor debería oler a oveja. En estos tiempos estamos llamados a ser una «Iglesia en salida» para llevar la luz de Cristo a cada periferia (cf. Evangelii gaudium, 20). En cuanto Obispos, vuestras vidas y vuestro ministerio están llamados a conformarse a este espíritu de compromiso misionero, sobre todo a través de visitas pastorales regulares a las parroquias y las comunidades que forman vuestras Iglesias locales. Este es un medio privilegiado para que, como padres premurosos, acompañéis a vuestros sacerdotes en su compromiso cotidiano por hacer crecer la grey en santidad, fidelidad y espíritu de servicio.

Por gracia de Dios, la Iglesia en Myanmar ha heredado de quienes trajeron el Evangelio a esta tierra una fe sólida y un ferviente afán misionero. Sobre estos firmes fundamentos, y en comunión con los presbíteros y los religiosos, seguid inculcando al laicado el espíritu de un auténtico discipulado misionero, buscando una sabia inculturación del mensaje evangélico en la vida cotidiana y en las tradiciones de vuestras comunidades locales. A este respecto, la cooperación de los catequistas es esencial; su enriquecimiento formativo debe continuar siendo una prioridad para vosotros.

Sobre todo, quisiera pediros un esfuerzo especial para acompañar a los jóvenes. Ocupaos de su formación en los sanos principios morales, que los guíen para afrontar los desafíos de un mundo que cambia rápidamente. El próximo Sínodo de los Obispos no sólo se referirá a estos aspectos, sino que interpelará directamente a los jóvenes, escuchando sus historias e involucrándolos en un discernimiento común sobre cómo proclamar mejor el Evangelio en los próximos años. Una de las grandes bendiciones de la Iglesia de Myanmar es su juventud y, en particular, el número de seminaristas y de jóvenes religiosos. Siguiendo el espíritu del Sínodo, por favor, involucradlos y sostenedlos en su camino de fe, porque están llamados, a través de su idealismo y entusiasmo, a ser evangelizadores alegres y convincentes de sus coetáneos.

Mi tercera palabra para vosotros es profecía. La Iglesia de Myanmar testimonia cotidianamente el Evangelio gracias a sus obras educativas y caritativas, su defensa de los derechos humanos, su respaldo a los principios democráticos. Poned a la comunidad católica en condiciones de seguir teniendo un papel constructivo en la vida de la sociedad, haciendo escuchar vuestra voz en cuestiones de interés nacional, insistiendo particularmente en el respeto de la dignidad y los derechos de todos, especialmente de los más pobres y vulnerables. Estoy convencido de que la estrategia pastoral quinquenal, que la Iglesia ha desarrollado dentro del más amplio contexto de la construcción del Estado, dará frutos abundantes no sólo para el futuro de las comunidades locales, sino también para todo el País. Me refiero de modo especial a la necesidad de proteger el ambiente y de asegurar un correcto uso de los ricos recursos naturales del País en beneficio de las generaciones futuras. La protección del don divino de la creación no puede separarse de una sana ecología humana y social. En efecto, «el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás» (Laudato si’, 70).

Queridos hermanos en el episcopado, doy las gracias a Dios por este momento de comunión y ruego para que este estar juntos nos refuerce en el compromiso de ser pastores fieles y servidores de la grey que Cristo nos ha confiado. Sé que vuestro ministerio es arduo y que, junto con vuestros sacerdotes, fatigáis a menudo bajo «el peso del día y el bochorno» (Mt 20,12). Os exhorto a mantener el equilibrio en la salud física sin olvidar la espiritual, en preocuparos de modo paternal por la salud de vuestros sacerdotes. Sobre todo, os animo a crecer cada día en la oración y en la experiencia del amor reconciliador de Dios, porque es la base de vuestra identidad sacerdotal, la garantía de la solidez de vuestra predicación y la fuente de la caridad pastoral con la que conducís al Pueblo de Dios por senderos de santidad y de verdad. Con gran afecto invoco la gracia del Señor sobre vosotros, los sacerdotes, los religiosos y todos los laicos de vuestras Iglesias locales. Os pido, por favor, que no os olvidéis de rezar por mí.


Papa: budistas y católicos reafirmemos compromiso de paz en Myanmar y el mundo

En la Pagoda de la Paz mundial, uno de los templos budistas más venerados de Asia suroriental, el encuentro del Papa Francisco con el Supremo Consejo  de los Monjes Budistas Sangha Maha Nayaka.

«Ocasión importante» para renovar y reforzar los lazos de amistad y de respeto que unen a los budistas y a los católicos y oportunidad para «reafirmar nuestro compromiso por la paz, el respeto de la dignidad humana y la justicia para todos los hombres y mujeres. No sólo en Myanmar, sino también en todo el mundo, las personas necesitan que los líderes religiosos den este testimonio común», dijo el Papa.

Pues «cuando hablamos con una sola voz, afirmando el valor perenne de la justicia, de la paz y de la dignidad fundamental de todo ser humano, ofrecemos una palabra de esperanza. Ayudamos a los budistas, a los católicos y a todos a luchar por alcanzar una mayor armonía en sus comunidades».

El Obispo de Roma destacó también su aprecio por las tradiciones religiosas del Budismo y el testimonio de muchos monjes y monjas, así como de la gente de Myanmar en los valores de tolerancia, respeto por la vida, espiritualidad atenta al medio ambiente, valores esenciales para el desarrollo integral de la sociedad, «empezando por la familia, la unidad más pequeña pero más esencial».

Si bien en todas las épocas, la humanidad ha experimentado injusticias y conflictos, el apremiante aliento del Papa se hizo presente ante los desafíos del momento actual:

«Las heridas causadas por los conflictos, la pobreza y la opresión persisten, y crean nuevas divisiones, aunque la sociedad haya alcanzado un gran progreso tecnológico y las personas en el mundo sean cada vez más conscientes de que comparten la misma naturaleza humana y el mismo destino. Frente a estos desafíos, jamás debemos resignarnos. Sobre las bases de nuestras respectivas tradiciones espirituales, sabemos que existe un camino que nos permite avanzar, que lleva a la curación, a la mutua comprensión y al respeto. Un camino basado en la compasión y en el amor». 

No es prerrogativa sólo de los líderes religiosos, ni competencia exclusiva del Estado, aunque sí tienen la responsabilidad de que se escuche la voz de todos, señaló el Papa, animando a la sociedad en su conjunto a compartir la tarea de superar conflictos e injusticias. Y en especial, alentó el trabajo de la Conferencia de Paz de Panglong.

Una vez más, el Papa Francisco reiteró la disponibilidad de la Iglesia católica para colaborar en el impulso de la promoción de la justicia y de la paz en Myanmar. Como el reciente encuentro organizado por la Conferencia Episcopal:

«En nombre de mis hermanos y hermanas católicos, expreso nuestra disponibilidad para seguir caminando con vosotros y sembrar semillas de paz y de curación, de compasión y de esperanza en esta tierra.

Os doy las gracias nuevamente por haberme invitado a estar hoy aquí con vosotros. Invoco sobre todos la bendición divina de la alegría y de la paz».

(CdM)


La paz se construye considerándose hermanos, dijo el Papa en Myanmar

REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz – SPC

“Uno es nuestro padre. Nosotros somos hermanos. Querámonos como hermanos. Y si discutimos entre nosotros, que sea como hermanos. Que enseguida se reconcilian. Siempre vuelven a ser hermanos. Yo pienso que solo así se construye la paz”

Entre las primeras palabras públicas de Francisco en Myanmar, está la palabra “hermano”. Y fue una invitación en un encuentro con 17 líderes religiosos de Myanmar, budistas, islámicos, hindúes, judíos, católicos y cristianos:  “¡Construyan la paz. No se dejen igualar por la colonización de culturas. La verdadera armonía divina se hace a través de las diferencias. Las diferencias son una riqueza para la Paz!”

Inspirado en el libro de los Salmos el Papa expresó: “Qué hermoso es ver a los hermanos unidos” para aclarar que unidos no quiere decir iguales. Afirmó que “la paz se construye en el coro de las diferencias”. Dijo que nosotros, en este tiempo que nos toca vivir, experimentamos una tendencia mundial hacia la uniformidad, a hacer todo igual. Eso es matar la humanidad. Esto es “colonización cultural”, el Papa alentó a entender la riqueza de nuestras diferencias étnicas, religiosas, populares, porque “desde esas diferencias se da el diálogo. Y desde esas diferencias uno aprende del otro, como hermanos… que, como hermanos, se vayan ayudando a construir este país, que incluso geográficamente tiene tantas riquezas y diferencias”.

 


Jesús es la sabiduría de Dios en persona, dijo el Papa en la misa en Yangon, Myanmar

De Juan Carlos Velarde

 

En la misa celebrada en el Kyaikkasan Ground (área deportiva con capacidad para 250.000 personas), el Santo Padre se presentó como “peregrino que he venido para escuchar y aprender de vosotros, y para ofreceros algunas palabras de esperanza y consuelo”.

Partiendo de la primera lectura y del Evangelio de hoy; el Santo Padre hizo una reflexión sobre la auténtica sabiduría. “Jesús es la sabiduría de Dios en persona.. que nos enseñó su sabiduría entregando su vida en la cruz. Desde la cruz –dijo el Papa- también nos llega la curación, e invito al pueblo de Myanmar a curar las heridas visibles e invisibles “encontrando en las heridas de Cristo la fuente de toda curación”…“Con el don de su Espíritu, Jesús nos hace capaces de ser signos de su sabiduría, que vence a la sabiduría de este mundo, y de su misericordia, que alivia incluso las heridas más dolorosas”.

Destaco además en sus palabras el don de la eucaristía, en ella “no sólo reconocemos, con los ojos de la fe, el don de su cuerpo y de su sangre, sino que también aprendemos cómo encontrar descanso en sus heridas, y a ser purificados allí de todos nuestros pecados y de nuestros caminos errados… De esta manera, seréis testigos fieles de la reconciliación y la paz”.

En su homilía destacó además el buen papel que está desarrollando la Iglesia en Myanmar “especialmente a los más necesitados”…Les dijo: ”Soy testigo de que la Iglesia aquí está viva, que Cristo está vivo y está aquí con vosotros… Os animo a seguir compartiendo con los demás la valiosa sabiduría que habéis recibido, el amor de Dios que brota del corazón de Jesús”. El amor revelado por Jesús en la cruz señaló el Papa “es como un GPS espiritual que nos guía de manera inexorable hacia la vida íntima de Dios y el corazón de nuestro prójimo.

Terminó sus palabras dirigiéndose a la Virgen María pidiéndola “la gracia de ser mensajeros de la verdadera sabiduría, profundamente misericordiosos con los necesitados, con la alegría que proviene de encontrar descanso en las heridas de Jesús, que nos amó hasta el final”.

Texto completo de Papa Francisco, de la Homilía, Santa MisaYangon, Kyaikkasan Ground. Miércoles, 29 de noviembre de 2017

Queridos hermanos y hermanas:

Desde antes de venir a este país, he estado esperando que llegara este momento. Muchos de vosotros habéis venido de lejanas y remotas tierras montañosas, algunos incluso a pie. Vengo como peregrino para escuchar y aprender de vosotros, y para ofreceros algunas palabras de esperanza y consuelo.

La primera lectura de hoy, tomada del libro de Daniel, nos ayuda a ver lo limitada que era la sabiduría del rey Baltasar y sus videntes. Ellos sabían cómo alabar «a sus dioses de oro y plata, de bronce y de hierro, de madera y de piedra» (Dn 5,4), pero no poseían la sabiduría para alabar a Dios, en cuyas manos está nuestra vida y nuestro aliento. Daniel, sin embargo, tenía la sabiduría del Señor y fue capaz de interpretar sus grandes misterios.

El intérprete definitivo de los misterios de Dios es Jesús. Él es la sabiduría de Dios en persona (cf.1 Co 1,24). Jesús no nos enseñó su sabiduría con largos discursos o grandes demostraciones de poder político o terreno, sino entregando su vida en la cruz. A veces podemos caer en la trampa de confiar en nuestra propia sabiduría, pero la verdad es que podemos fácilmente desorientarnos. En esos momentos, debemos recordar que tenemos ante nosotros una brújula segura: el Señor crucificado. En la cruz, encontramos la sabiduría que puede guiar nuestras vidas con la luz que proviene de Dios.

Desde la cruz también nos llega la curación. Allí, Jesús ofreció sus heridas al Padre por nosotros, las heridas que nos han curado (cf. 1 Pe 2,4). Que siempre tengamos la sabiduría de encontrar en las heridas de Cristo la fuente de toda curación. Sé que muchos en Myanmar llevan las heridas de la violencia, heridas visibles e invisibles. Existe la tentación de responder a estas heridas con una sabiduría mundana que, como la del rey en la primera lectura, está profundamente equivocada. Pensamos que la curación pueda venir de la ira y de la venganza. Sin embargo, el camino de la venganza no es el camino de Jesús.

El camino de Jesús es radicalmente diferente. Cuando el odio y el rechazo lo condujeron a la pasión y a la muerte, él respondió con perdón y compasión. En el Evangelio de hoy, el Señor nos dice que, al igual que él, también nosotros podemos encontrar rechazo y obstáculos, sin embargo él nos dará una sabiduría a la que nadie puede resistir (cf. Lc 21,15). Está hablando del Espíritu Santo, gracias al cual el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (Rm 5, 5). Con el don de su Espíritu, Jesús nos hace capaces de ser signos de su sabiduría, que vence a la sabiduría de este mundo, y de su misericordia, que alivia incluso las heridas más dolorosas.

En la víspera de su pasión, Jesús se entregó a sus apóstoles bajo los signos del pan y del vino. En el don de la Eucaristía, no sólo reconocemos, con los ojos de la fe, el don de su cuerpo y de su sangre, sino que también aprendemos cómo encontrar descanso en sus heridas, y a ser purificados allí de todos nuestros pecados y de nuestros caminos errados. Queridos hermanos y hermanas, que encontrando refugio en las heridas de Cristo, podáis saborear el bálsamo saludable de la misericordia del Padre y encontrar la fuerza para llevarlo a los demás, para ungir cada herida y recuerdo doloroso. De esta manera, seréis testigos fieles de la reconciliación y la paz, que Dios quiere que reine en todos los corazones de los hombres y en todas las comunidades.

Sé que la Iglesia en Myanmar ya está haciendo mucho para llevar a otros el bálsamo saludable de la misericordia de Dios, especialmente a los más necesitados. Hay muestras claras de que, incluso con medios muy limitados, muchas comunidades anuncian el Evangelio a otras minorías tribales, sin forzar ni coaccionar, sino siempre invitando y acogiendo. En medio de tanta pobreza y dificultades, muchos de vosotros ofrecéis ayuda práctica y solidaridad a los pobres y a los que sufren. Con el servicio diario de vuestros obispos, sacerdotes, religiosos y catequistas, y en particular a través de la encomiable labor de la Catholic Karuna Myanmar y de la generosa asistencia proporcionada por las Obras Misionales Pontificias, la Iglesia en este país está ayudando a un gran número de hombres, mujeres y niños, sin distinción de religión u origen étnico. Soy testigo de que la Iglesia aquí está viva, que Cristo está vivo y está aquí con vosotros y con vuestros hermanos y hermanas de otras comunidades cristianas. Os animo a seguir compartiendo con los demás la valiosa sabiduría que habéis recibido, el amor de Dios que brota del corazón de Jesús.

Jesús quiere dar esta sabiduría en abundancia. Él recompensará ciertamente vuestra labor de sembrar semillas de curación y reconciliación en vuestras familias, comunidades y en toda la sociedad de esta nación. ¿No nos dijo él que nadie se puede resistir a su sabiduría (cf. Lc 21,15)? Su mensaje de perdón y misericordia se sirve de una lógica que no todos querrán comprender y que encontrará obstáculos. Sin embargo, su amor revelado en la cruz, en definitiva, nadie lo puede detener. Es como un GPS espiritual que nos guía de manera inexorable hacia la vida íntima de Dios y el corazón de nuestro prójimo.

La Santísima Virgen María siguió a su Hijo hasta la oscura montaña del Calvario y nos acompaña en cada paso de nuestro viaje terrenal. Que ella nos obtenga la gracia de ser mensajeros de la verdadera sabiduría, profundamente misericordiosos con los necesitados, con la alegría que proviene de encontrar descanso en las heridas de Jesús, que nos amó hasta el final.

Que Dios os bendiga a todos. Que Dios bendiga a la Iglesia en Myanmar. Que él bendiga a esta tierra con su paz. Que Dios bendiga a Myanmar.

 


martes, 28 de noviembre de 2017

Posible mesa de diálogo en Venezuela: la Iglesia insiste en el canal humanitario

 

La crisis en Venezuela se sigue acentuando con una hiperinflación, junto a la escases de alimentos y medicinas. Las políticas del gobierno, ni las propuestas de los líderes opositores han ofrecido soluciones a las necesidades de la población.

Es posible que la oposición y el gobierno venezolano inicien una mesa de diálogo este 1 y 2 de diciembre en Santo Domingo, República Dominica.

Previo a esta mesa de diálogo que buscar acordar soluciones pacíficas a la crisis venezolana, los miembros de la Asamblea Nacional fueron recibidos en la sede de la Conferencia Episcopal Venezolana por monseñor Diego Padrón, presidente del episcopado, y el cardenal Jorge Urosa, Arzobispo de Caracas, para discutir los aspectos de la negociación en el tema humanitario.

La Conferencia Episcopal Venezolana pidió a los líderes opositores insistir durante la mesa de diálogo, en la urgencia de la apertura de un canal humanitario que facilite el ingreso de medicinas y alimentos al país.

Monseñor Diego Padre, en declaraciones recientes a Unión Radio, consideró que si el diálogo no llega se perdería una oportunidad para logar la estabilidad de la nación.     

La mesa de diálogo en República Dominicana contará con la observación de los cancilleres de Chile, Paraguay, México, Bolivia y Nicaragua.

Johan Pacheco


Papa Francisco: El futuro de Myanmar debe ser la paz

De María Fernanda Bernasconi, SpC

Poco después de las 17.00, hora local de Myanmar, el Papa Francisco se dirigió – en el International Convention Center de Nay Pyi Taw – a las autoridades del Gobierno, a la sociedad civil y al Cuerpo Diplomático. Ante todo, el Pontífice expresó su viva gratitud por la amable invitación para visitar el país y agradeció a la Señora Consejera de Estado sus cordiales palabras.

También dio las gracias de corazón a todos los que han trabajado incansablemente para hacer posible esta visita y les dijo que ha viajado para rezar con la pequeña pero ferviente comunidad católica de esta nación, para confirmarla en la fe y alentarla a seguir contribuyendo al bien del país. Razón por la cual – dijo el Papa textualmente – “estoy muy contento de que mi visita se realice tras el establecimiento de relaciones diplomáticas formales entre Myanmar y la Santa Sede. Quiero ver esta decisión como una señal del compromiso de la nación para continuar buscando el diálogo y la cooperación constructiva dentro de la comunidad internacional, así como también para seguir esforzándose en renovar el tejido de la sociedad civil”.

La curación de estas heridas ha de ser una prioridad política y espiritual fundamental

Además, el Papa les dijo que con su visita deseaba llegar “a toda la población de Myanmar y ofrecer una palabra de aliento a todos los que están trabajando para construir un orden social justo, reconciliado e inclusivo”. Sí, porque como afirmó el Santo Padre “Myanmar ha sido bendecido con el don de una belleza extraordinaria y de numerosos recursos naturales, pero su mayor tesoro es sin duda su gente, que ha sufrido y sigue sufriendo a causa de los conflictos civiles y de las hostilidades que durante demasiado tiempo han creado profundas divisiones”.

Esta nación ‘está trabajando por restaurar la paz’

Naturalmente el Obispo de Roma manifestó que en la actualidad esta nación “está trabajando por restaurar la paz”, y dijo que “la curación de estas heridas ha de ser una prioridad política y espiritual fundamental”.

A lo que el Papa Bergoglio añadió: “En efecto, el difícil proceso de construir la paz y la reconciliación nacional sólo puede avanzar a través del compromiso con la justicia y el respeto de los derechos humanos. La sabiduría de los antiguos ha definido la justicia como la voluntad de reconocer a cada uno lo que le es debido, mientras que los antiguos profetas la consideraban como la base de una paz verdadera y duradera”.

De ahí que Francisco haya dicho que, en este sentido, la presencia del Cuerpo Diplomático testimonia no sólo el lugar que ocupa Myanmar entre las naciones, sino también el compromiso del país por mantener y aplicar estos principios fundamentales.

Las diferencias religiosas no deben ser una fuente de división y desconfianza

Asimismo Francisco destacó que en la gran tarea de reconciliación e integración nacional, “las comunidades religiosas de Myanmar tienen un papel privilegiado que desempeñar”. Y añadió que “las diferencias religiosas no deben ser una fuente de división y desconfianza, sino más bien un impulso para la unidad, el perdón, la tolerancia y una sabia construcción de la nación”. “Las religiones – prosiguió diciendo el Papa – pueden jugar un papel importante en la cicatrización de heridas emocionales, espirituales y psicológicas de todos los que han sufrido en estos años de conflicto”. A la vez que también pueden contribuir “a erradicar las causas del conflicto, a construir puentes de diálogo, a buscar la justicia y ser una voz profética en favor de los que sufren”.

Las religiones pueden jugar un papel importante en la cicatrización de heridas emocionales, espirituales y psicológicas

De ahí que haya destacado como “un gran signo de esperanza” el hecho de que los líderes de las diversas tradiciones religiosas en Myanmar, “con espíritu de armonía y de respeto mutuo, se esfuercen en trabajar juntos en favor de la paz, para ayudar a los pobres y educar en los auténticos valores humanos y religiosos”.

Del futuro de esta nación el Papa recordó que aún está en manos de los jóvenes. Y los definió “un regalo que hay que apreciar y alentar, una inversión que producirá un fruto abundante si se les ofrecen oportunidades reales de empleo y una educación de calidad”. Exigencia que – como dijo Francisco – es urgente, puesto que el futuro de Myanmar, en un mundo interconectado y en rápida evolución, dependerá de la formación de sus jóvenes, no sólo en el campo de la técnica, sino sobre todo en los valores éticos de la honestidad, la integridad y la solidaridad humana, que aseguran la consolidación de la democracia y el aumento de la unidad y la paz en todos los niveles de la sociedad.

Por último, dirigiéndose a la Señora Consejera de Estado y a los queridos amigos presentes en este encuentro el Papa Bergoglio les dijo que en estos días, le gustaría “alentar” a sus hermanos y hermanas católicos “a perseverar en su fe y a seguir anunciando su mensaje de reconciliación y fraternidad a través de obras de caridad y humanitarias, que beneficien a toda la sociedad en su conjunto”. Por eso manifestó su esperanza de que en la cooperación respetuosa con los seguidores de otras religiones y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, contribuyan a abrir “una nueva era de concordia y progreso para los pueblos de esta querida nación”.

Texto del discurso del Santo Padre Francisco a las autoridades del Gobierno, a la sociedad civil y al Cuerpo Diplomático

Señora Consejera de Estado, excelentísimos miembros del Gobierno y Autoridades Civiles, señor Cardenal, venerados Hermanos en el Episcopado, distinguidos miembros del Cuerpo Diplomático, señoras y señores:

Deseo expresar mi viva gratitud por la amable invitación para visitar Myanmar y agradezco a la Señora Consejera de Estado sus cordiales palabras.

Doy las gracias de corazón a todos aquellos que han trabajado incansablemente para hacer posible esta visita. He venido especialmente para rezar con la pequeña pero ferviente comunidad católica de esta nación, para confirmarla en la fe y alentarla a seguir contribuyendo al bien del País. Estoy muy contento de que mi visita se realice tras el establecimiento de relaciones diplomáticas formales entre Myanmar y la Santa Sede. Quiero ver esta decisión como una señal del compromiso de la nación para continuar buscando el diálogo y la cooperación constructiva dentro de la comunidad internacional, así como también para seguir esforzándose en renovar el tejido de la sociedad civil.

Quisiera además en esta visita llegar a toda la población de Myanmar y ofrecer una palabra de aliento a todos aquellos que están trabajando para construir un orden social justo, reconciliado e inclusivo. Myanmar ha sido bendecido con el don de una belleza extraordinaria y de numerosos recursos naturales, pero su mayor tesoro es sin duda su gente, que ha sufrido y sigue sufriendo a causa de los conflictos civiles y de las hostilidades que durante demasiado tiempo han creado profundas divisiones. Ahora que la nación está trabajando por restaurar la paz, la curación de estas heridas ha de ser una prioridad política y espiritual fundamental. Quiero expresar mi agradecimiento al Gobierno por los esfuerzos para afrontar este desafío, de modo particular a través de la Conferencia de Paz de Panglong, que reúne a representantes de los diversos grupos con el objetivo de poner fin a la violencia, generar confianza y garantizar el respeto de los derechos de quienes consideran esta tierra como su hogar.

En efecto, el difícil proceso de construir la paz y la reconciliación nacional sólo puede avanzar a través del compromiso con la justicia y el respeto de los derechos humanos. La sabiduría de los antiguos ha definido la justicia como la voluntad de reconocer a cada uno lo que le es debido, mientras que los antiguos profetas la consideraban como la base de una paz verdadera y duradera. Estas intuiciones, confirmadas por la trágica experiencia de dos guerras mundiales, condujeron a la creación de las Naciones Unidas y a la Declaración Universal de los Derechos Humanos como fundamento de los esfuerzos de la comunidad internacional para promover la justicia, la paz y el desarrollo humano en todo el mundo y para resolver los conflictos ya no con el uso de la fuerza, sino a través del diálogo. En este sentido, la presencia del Cuerpo Diplomático entre nosotros testimonia no sólo el lugar que ocupa Myanmar entre las naciones, sino también el compromiso del país por mantener y aplicar estos principios fundamentales. El futuro de Myanmar debe ser la paz, una paz basada en el respeto de la dignidad y de los derechos de cada miembro de la sociedad, en el respeto por cada grupo étnico y su identidad, en el respeto por el estado de derecho y un orden democrático que permita a cada individuo y a cada grupo – sin excluir a nadie – ofrecer su contribución legítima al bien común.

En la gran tarea de reconciliación e integración nacional, las comunidades religiosas de Myanmar tienen un papel privilegiado que desempeñar. Las diferencias religiosas no deben ser una fuente de división y desconfianza, sino más bien un impulso para la unidad, el perdón, la tolerancia y una sabia construcción de la nación. Las religiones pueden jugar un papel importante en la cicatrización de heridas emocionales, espirituales y psicológicas de todos los que han sufrido en estos años de conflicto. Inspirándose en esos valores profundamente arraigados, pueden contribuir también a erradicar las causas del conflicto, a construir puentes de diálogo, a buscar la justicia y ser una voz profética en favor de los que sufren. Es un gran signo de esperanza el que los líderes de las diversas tradiciones religiosas de este país, con espíritu de armonía y de respeto mutuo, se esfuercen en trabajar juntos en favor de la paz, para ayudar a los pobres y educar en los auténticos valores humanos y religiosos. Al tratar de construir una cultura del encuentro y la solidaridad, contribuyen al bien común y sientan las bases morales indispensables en vistas de un futuro de esperanza y prosperidad para las generaciones futuras.

Ese futuro está todavía en manos de los jóvenes de la nación. Ellos son un regalo que hay que apreciar y alentar, una inversión que producirá un fruto abundante si se les ofrecen oportunidades reales de empleo y una educación de calidad. Esta es una exigencia urgente de justicia intergeneracional. El futuro de Myanmar, en un mundo interconectado y en rápida evolución, dependerá de la formación de sus jóvenes, no sólo en el campo de la técnica, sino sobre todo en los valores éticos de la honestidad, la integridad y la solidaridad humana, que aseguran la consolidación de la democracia y el aumento de la unidad y la paz en todos los niveles de la sociedad. La justicia intergeneracional también exige que las generaciones futuras reciban en herencia un entorno natural que no esté contaminado por la codicia y la rapacería humana. Es esencial que no se les robe a nuestros jóvenes la esperanza y la posibilidad de emplear su idealismo y su talento en remodelar el futuro de su país, es más, de toda la familia humana.

Señora Consejera de Estado, queridos amigos: En estos días, me gustaría alentar a mis hermanos y hermanas católicos a perseverar en su fe y a seguir anunciando su mensaje de reconciliación y fraternidad a través de obras de caridad y humanitarias, que beneficien a toda la sociedad en su conjunto. Espero que, en cooperación respetuosa con los seguidores de otras religiones y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, contribuyan a abrir una nueva era de concordia y progreso para los pueblos de esta querida nación. Larga vida a Myanmar. Les agradezco su atención y, con los mejores deseos por su servicio al bien común, invoco sobre ustedes los dones celestiales de sabiduría, fortaleza y paz.