sábado, 30 de julio de 2016

Francisco reza por la paz y el fin de la violencia en la Iglesia de San Francisco antes de la Vigilia

(RV).- Antes de llegar al campus de la Misericordia para celebrar la Vigilia de Oración, Papa Francisco ha hecho una parada fuera de lo planificado para este día y ha visitado la Iglesia de San Francisco donde se venera las reliquias de dos mártires franciscanos, Strzałkowski Zbigniew y Michał Tomaszek, asesinados por guerrilleros de "Sendero Luminoso» el 9 de agosto de 1991 en Pariacoto en Perú, y beatificados 5 de diciembre de, el año 2015 junto con el sacerdote italiano Don Alessandro Dordi, de la diócesis de Bérgamo. Allí el Papa rezó en italiano una "oración por la paz y la defensa de la violencia y el terrorismo":

 

ORACIÓN POR LA PAZ 

Y POR EL FIN DE LA VIOLENCIA Y EL TERRORISMO 

 

Dios omnipotente y misericordioso, Señor del Universo y de la historia humana.

Todo lo que has creado es bueno, y tu compasión por el hombre, que te abandona una y otra vez, es inagotable.

Venimos hoy a implorarte que ampares al mundo y a sus habitantes con la paz, alejando de él el destructivo oleaje del terrorismo, restaurando la amistad y derramando en los corazones de tus criaturas el don de la confianza y la prontitud para perdonar.

Dador de la vida, te pedimos también por todos los que han muerto, víctimas de los brutales ataques terroristas. Concédeles la recompensa y la alegría eternas. Que intercedan por el mundo, sacudido por la angustia y desgracias.

Jesús, Príncipe de la Paz, te rogamos por los heridos en los ataques terroristas: los niños y los jóvenes, las mujeres y los hombres, los ancianos, las personas inocentes y los que han sido agredidos por casualidad. Sana su cuerpo y el corazón, que se sientan fortalecidos por tu consuelo, aleja de ellos el odio y el deseo de la venganza. 

Santo Espíritu Consolador, visita a las familias que lloran la pérdida de sus familiares, víctimas inocentes de la violencia y el terrorismo. Cúbreles con el manto de tu divina misericordia.  Que encuentren en Ti la fuerza y el valor para continuar siendo hermanos y hermanas de los demás, especialmente de los extranjeros y los inmigrantes, testimoniando con su vida tu amor.

Mueve los corazones de los terroristas para que reconozcan la maldad de sus acciones y vuelvan a la senda de la paz y el bien, el respeto por la vida y la dignidad de cada ser humano, independientemente de su religión, origen o status social.

Dios, Eterno Padre, escucha compasivo esta oración que se eleva hacia Ti entre el estruendo y la desesperación del mundo. Llenos de confianza en tu infinita Misericordia, confiando en la intercesión de tu Santísima Madre, fortalecidos con el ejemplo de los beatos mártires de Perú, Zbigniewa y Michała, que has convertido en valientes testigos del Evangelio hasta derramar su sangre, nos dirigimos a Ti con gran esperanza, suplicando el don de la paz y pidiendo que alejes de nosotros el látigo del terrorismo.

Por Jesucristo, nuestro Señor

Amén.

 

Oración del Santo Padre Francisco

en la Basílica de San Francisco en Cracovia, día 30 de julio de 2016. 


Jesús quiere construir el futuro contigo. ¿Te animas? El Papa con los jóvenes en la Vigilia

(RV). – "No vinimos a este mundo a vegetar", "no vamos a gritar ahora contra nadie, no vamos a pelear, no queremos destruir". Pero "es muy triste pasar por la vida sin dejar una huella", y Jesús, "el Señor del riesgo, del siempre más allá", hoy nos llama, nos convoca, nos invita, a "cambiar el sofá por los botines, para jugar de titulares en la vida". Y "nuestra respuesta a este mundo en guerra se llama: fraternidad".

Son estos algunos de los conceptos que entregó el "Pedro de nuestros tiempos" a los jóvenes en la Vigilia de Oración, durante la Jornada Mundial de la Juventud Cracovia 2016, después de escuchar los testimonios de tres chicos provenientes de distintos países y diferentes realidades sociales. 

Un mensaje cargado de la energía de un Pontífice en sintonía con la juventud de hoy, que con la sabiduría de Padre y Pastor de la Iglesia universal llama a cada uno de los jóvenes del mundo a animarse a ir por los caminos de la vida siguiendo la "locura de nuestro Dios", ese Padre Misericordioso que "nos enseña a encontrarlo en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el enfermo, en el amigo caído en desgracia, en el que está preso, en el prófugo y el emigrante, en el vecino que está solo".

El Papa Francisco impulsó a los jóvenes a ir por los caminos de nuestro Dios que invita a cada uno a ser actores políticos, pensadores, movilizadores sociales, y que nos incita a pensar una economía más solidaria. En todos los ámbitos en los que ustedes se encuentren, – les dijo- ese amor de Dios nos invita llevar la Buena Nueva, haciendo de la propia vida un homenaje a Él y a los demás.

"Si vos no ponés lo mejor de vos, el mundo no será distinto" les advirtió asimismo el Pontífice. Y a la vez que afirmó que el mundo de hoy "sólo acepta titulares en la cancha, no suplentes", les explicó que esto no se refiere sólo a algunos elegidos, sino a todo aquel que escuche el llamado de Dios, porque, dijo, "los elegidos son todos aquellos que estén dispuestos a compartir su vida con los demás"."La historia hoy nos pide que defendamos nuestra dignidad y no dejemos que sean otros los que decidan nuestro futuro", y el Señor, quiere hacer que tus manos, mis manos, nuestras manos se transformen en signos de reconciliación, de comunión, de creación. Él quiere tus manos para seguir construyendo el mundo de hoy. "Él quiere construirlo con vos". "¿Te animas?". (Griselda Mutual – Radio Vaticano)

A continuación, las palabras del Papa: 

Queridos jóvenes,

Es bueno estar aquí con ustedes en esta Vigilia de oración.

Al terminar su valiente y conmovedor testimonio, Rand nos pedía algo. Nos decía: «Les pido encarecidamente que recen por mi amado país». Una historia marcada por la guerra, el dolor, la pérdida, que finaliza con un pedido: el de la oración. Qué mejor que empezar nuestra vigilia rezando.

Venimos desde distintas partes del mundo, de continentes, países, lenguas, culturas, pueblos diferentes. Somos «hijos» de naciones, que quizá pueden estar enfrentadas luchando por diversos conflictos, o incluso estar en guerra. Otros venimos de países que pueden estar en «paz», que no tienen conflictos bélicos, donde muchas de las cosas dolorosas que suceden en el mundo sólo son parte de las noticias y de la prensa. Pero seamos conscientes de una realidad: para nosotros, hoy y aquí, provenientes de distintas partes del mundo, el dolor, la guerra que viven muchos jóvenes, deja de ser anónima, deja de ser una noticia de prensa, tiene nombre, tiene rostro, tiene historia, tiene cercanía. Hoy la guerra en Siria, es el dolor y el sufrimiento de tantas personas, de tantos jóvenes como el valiente Rand, que está aquí entre nosotros pidiéndonos que recemos por su amado país.

Existen situaciones que nos pueden resultar lejanas hasta que, de alguna manera, las tocamos. Hay realidades que no comprendemos porque sólo las vemos a través de una pantalla (del celular o de la computadora). Pero cuando tomamos contacto con la vida, con esas vidas concretas no ya mediatizadas por las pantallas, entonces nos pasa algo importante, sentimos la invitación a involucrarnos: «No más ciudades olvidadas», como dice Rand: ya nunca puede haber hermanos «rodeados de muerte y homicidios» sintiendo que nadie los va a ayudar. Queridos amigos, los invito a que juntos recemos por el sufrimiento de tantas víctimas fruto de la guerra, esta guerra que está hoy en el mundo, para que de una vez por todas podamos comprender que nada justifica la sangre de un hermano, que nada es más valioso que la persona que tenemos al lado. Y en este pedido de oración también quiero agradecerles a Natalia y a Miguel, porque ustedes también nos han compartido sus batallas, sus guerras interiores. Nos han mostrado sus luchas y cómo hicieron para superarlas. Ustedes son signo vivo de lo que la misericordia quiere hacer en nosotros.

Nosotros ahora no vamos a gritar ahora contra nadie, no vamos a pelear, no queremos destruir, no queremos insultar. Nosotros no queremos vencer el odio con más odio, vencer la violencia con más violencia, vencer el terror con más terror. Nosotros hoy estamos aquí, porque el Señor nos ha convocado. Y nuestra respuesta a este mundo en guerra tiene un nombre: se llama fraternidad, se llama hermandad, se llama comunión, se llama familia. Celebremos el venir de culturas diferentes y nos unimos para rezar. Que nuestra mejor palabra, que nuestro mejor discurso, sea unirnos en oración. Hagamos un momento de silencio y recemos; pongamos ante el Señor los testimonios de estos amigos, identifiquémonos con aquellos para quienes «la familia es un concepto inexistente, y la casa sólo un lugar donde dormir y comer», o con quienes viven con el miedo de creer que sus errores y pecados los han dejado definitivamente afuera. Pongamos también las «guerras» de ustedes, las luchas que cada uno trae consigo, dentro de su corazón, en presencia de nuestro Dios. Y por esto, por estar en familia, en hermanada, todos juntos, os invito a levantaros, a tomaros de la mano y a rezar en silencio. Todos.

[Silencio]

Mientras rezábamos, me venía la imagen de los Apóstoles el día de Pentecostés. Una escena que nos puede ayudar a comprender todo lo que Dios sueña hacer en nuestra vida, en nosotros y con nosotros. Aquel día, los discípulos estaban encerrados por miedo. Se sentían amenazados por un entorno que los perseguía, que los arrinconaba en una pequeña habitación, obligándolos a permanecer quietos y paralizados. El temor se había apoderado de ellos. En ese contexto, pasó algo espectacular, algo grandioso. Vino el Espíritu Santo y unas lenguas como de fuego se posaron sobre cada uno, impulsándolos a una aventura que jamás habrían soñado. La cosa cambia totalmente.

Hemos escuchado tres testimonios, hemos tocado, con nuestros corazones, sus historias, sus vidas. Hemos visto cómo ellos, al igual que los discípulos, han vivido momentos similares, han pasado momentos donde se llenaron de miedo, donde parecía que todo se derrumbaba. El miedo y la angustia que nace de saber que al salir de casa uno puede no volver a ver a los seres queridos, el miedo a no sentirse valorado ni querido, el miedo a no tener otra oportunidad. Ellos nos compartieron la misma experiencia que tuvieron los discípulos, han experimentado el miedo que sólo conduce a un lugar: al encierro. Y cuando el miedo se acovacha en el encierro siempre va acompañado por su «hermana gemela»: la parálisis, sentirnos paralizados. Sentir que en este mundo, en nuestras ciudades, en nuestras comunidades, no hay ya espacio para crecer, para soñar, para crear, para mirar horizontes, en definitiva para vivir, es de los peores males que se nos puede meter en la vida. La parálisis nos va haciendo perder el encanto de disfrutar del encuentro, de la amistad; el encanto de soñar juntos, de caminar con los demás.

Pero en la vida hay otra parálisis todavía más peligrosa y muchas veces difícil de identificar; y que nos cuesta mucho descubrir. Me gusta llamarla la parálisis que nace cuando se confunde «felicidad» con un «sofá/kanapa (canapé)». Sí, creer que para ser feliz necesitamos un buen sofá/canapé. Un sofá que nos ayude a estar cómodos, tranquilos, bien seguros. Un sofá —como los que hay ahora modernos con masajes adormecedores incluidos— que nos garantiza horas de tranquilidad para trasladarnos al mundo de los videojuegos y pasar horas frente a la computadora. Un sofá contra todo tipo de dolores y temores. Un sofá que nos haga quedarnos en casa encerrados, sin fatigarnos ni preocuparnos. La «sofá-felicidad», «kanapa-szczęście», es probablemente la parálisis silenciosa que más nos puede perjudicar, ya que poco a poco, sin darnos cuenta, nos vamos quedando dormidos, nos vamos quedando embobados y atontados mientras otros —quizás los más vivos, pero no los más buenos— deciden el futuro por nosotros. Es cierto, para muchos es más fácil y beneficioso tener a jóvenes embobados y atontados que confunden felicidad con un sofá; para muchos eso les resulta más conveniente que tener jóvenes despiertos, inquietos respondiendo al sueño de Dios y a todas las aspiraciones del corazón.

Les pregunto, quieren ser jóvenes adormentados, embobados  y atontados? Quieren que otros decidan el futuro por ustedes, quieren estar despiertos, quieren luchar por su futuro, no están muy convencidos, ¿quieren luchar por vuestro futuro?

Pero la verdad es otra: queridos jóvenes, no vinimos a este mundo a «vegetar», a pasarla cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca; al contrario, hemos venido a otra cosa, a dejar una huella. Es muy triste pasar por la vida sin dejar una huella. Pero cuando optamos por la comodidad, por confundir felicidad con consumir, entonces el precio que pagamos es muy, pero que muy caro: perdemos la libertad. Esto es el precio y hay mucha gente que quiere que los jóvenes no sean libres. Esto no, tenemos que defender nuestra libertad.

Ahí está precisamente una gran parálisis, cuando comenzamos a pensar que felicidad es sinónimo de comodidad, que ser feliz es andar por la vida dormido o narcotizado, que la única manera de ser feliz es ir como atontado. Es cierto que la droga hace mal, pero hay muchas otras drogas socialmente aceptadas que nos terminan volviendo tanto o más esclavos. Unas y otras nos despojan de nuestro mayor bien: la libertad.

Amigos, Jesús es el Señor del riesgo, del siempre «más allá». Jesús no es el Señor del confort, de la seguridad y de la comodidad. Para seguir a Jesús, hay que tener una cuota de valentía, hay que animarse a cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados y menos pensados, por caminos que abran nuevos horizontes, capaces de contagiar alegría, esa alegría que nace del amor de Dios, la alegría que deja en tu corazón cada gesto, cada actitud de misericordia. Ir por los caminos siguiendo la «locura» de nuestro Dios que nos enseña a encontrarlo en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el enfermo, en el amigo caído en desgracia, en el que está preso, en el prófugo y el emigrante, en el vecino que está solo. Ir por los caminos de nuestro Dios que nos invita a ser actores políticos, pensadores, movilizadores sociales. Que nos incita a pensar una economía más solidaria. En todos los ámbitos en los que ustedes se encuentren, ese amor de Dios nos invita llevar la buena nueva, haciendo de la propia vida un homenaje a él y a los demás.

Podrán decirme: «Padre pero eso no es para todos, sólo es para algunos elegidos». Sí, y estos elegidos son todos aquellos que estén dispuestos a compartir su vida con los demás. De la misma manera que el Espíritu Santo transformó el corazón de los discípulos el día de Pentecostés, lo hizo también con nuestros amigos que compartieron sus testimonios. Uso tus palabras, Miguel, vos nos decías que el día que en la Facenda te encomendaron la responsabilidad de ayudar a que la casa funcionara mejor, ahí comenzaste a entender que Dios pedía algo de ti. Así comenzó la transformación.

Ese es el secreto, queridos amigos, que todos estamos llamados a experimentar. Dios espera algo de ti, Dios quiere algo de ti, Dios te espera a ti. Dios viene a romper nuestras clausuras, viene a abrir las puertas de nuestras vidas, de nuestras visiones, de nuestras miradas. Dios viene a abrir todo aquello que te encierra. Te está invitando a soñar, te quiere hacer ver que el mundo con vos puede ser distinto. Eso sí, si vos no ponés lo mejor de vos, el mundo no será distinto.

El tiempo que hoy estamos viviendo, no necesita jóvenes-sofá, młody-kanapa, sino jóvenes con zapatos; mejor aún, con los botines puestos. Sólo acepta jugadores titulares en la cancha, no hay espacio para suplentes. El mundo de hoy les pide que sean protagonistas de la historia porque la vida es linda siempre y cuando querramos vivirla, siempre y cuando querramos dejar una huella. La historia hoy nos pide que defendamos nuestra dignidad y no dejemos que sean otros los que decidan nuestro futuro. El Señor, al igual que en Pentecostés, quiere realizar uno de los mayores milagros que podamos experimentar: hacer que tus manos, mis manos, nuestras manos se transformen en signos de reconciliación, de comunión, de creación. Él quiere tus manos para seguir construyendo el mundo de hoy. Él quiere construirlo con vos.

Me dirás, Padre, pero yo soy muy limitado, soy pecador, ¿qué puedo hacer? Cuando el Señor nos llama no piensa en lo que somos, en lo que éramos, en lo que hemos hecho o de dejado de hacer. Al contrario: él, en ese momento que nos llama, está mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de contagiar. Su apuesta siempre es al futuro, al mañana. Jesús te proyecta al horizonte.

Por eso, amigos, hoy Jesús te invita, te llama a dejar tu huella en la vida, una huella que marque la historia, que marque tu historia y la historia de tantos.

La vida de hoy nos dice que es mucho más fácil fijar la atención en lo que nos divide, en lo que nos separa. Pretenden hacernos creer que encerrarnos es la mejor manera para protegernos de lo que nos hace mal. Hoy los adultos necesitamos de ustedes, que nos enseñen a convivir en la diversidad, en el diálogo, en compartir la multiculturalidad, no como una amenaza sino, como una oportunidad: tengan valentía para enseñarnos que es más fácil construir puentes que levantar muros. Y todos juntos pidamos que nos exijan transitar por los caminos de la fraternidad. Construir puentes: ¿Saben cuál es el primer puente a construir? Un puente que podemos realizarlo aquí y ahora: estrecharnos la mano, darnos la mano. Anímense, hagan ahora, aquí, ese puente primordial, y dénse la mano. Es el gran puente fraterno, y ojalá aprendan a hacerlo los grandes de este mundo… pero no para la fotografía, sino para seguir construyendo puentes más y más grandes. Que éste puente humano sea semilla de tantos otros; será una huella.

Hoy Jesús, que es el camino, te llama a dejar tu huella en la historia. Él, que es la vida, te invita a dejar una huella que llene de vida tu historia y la de tantos otros. Él, que es la verdad, te invita a desandar los caminos del desencuentro, la división y el sinsentido. ¿Te animas? ¿Qué responden ahora tus manos y tus pies al Señor, que es camino, verdad y vida? Que el Señor bendiga tus sueño tus sueños. Gracias

 


El discernimiento espiritual es uno de los trabajos fundamentales de la Compañia de Jesús hoy, el Papa a Jesuitas polacos

(Radio Vaticana).- Fuera de programa, en la tarde del 30 de julio, víspera de la Fiesta de San Ignacio de Loyola, Francisco Papa visitó a los Jesuitas polacos de Cracovia. Según el padre Antonio Spadaro, jesuita director de la Civiltà Cattolica en Roma, presente en la ocasión, estos encuentros fuera de programa, simples y familiares, “se han convertido en algo habitual, porque el Papa encuentra siempre –o casi siempre-, a los Jesuitas durante sus viajes. Fue un encuentro muy bello, muy simple y sereno: saludó a todos uno por uno, abrazando también a algunos que habia conocido ya en el pasado. Después dijo que no tenía ningun deseo de hacer discursos, sino de conversar juntos”.

“Le hicieron preguntas muy interesantes. Por ejemplo, cuál es el significado del trabajo en universitario que hace la Compañia de Jesús, y por tanto el trabajo con la cultura. El Papa dijo que el compromiso debe ser muy fuerte, debe ser un compromiso ‘en salida’, como ha dicho muchas veces. Un compromiso que tiene que ver con la realidad y no solo con la abstracción y con las ideas.”

El Papa recomendó a los jesuitas polacos estar muy cerca de los marginados, lejos del pensamiento liberal que pone al centro el dinero y no la persona. “Habló también del compromiso con los sacerdotes, dijo que el riesgo es que un sacerdote no bien formado sea demasiado blanco o demasiado negro, que actúe simplemente aplicando normas mecánicamente. En cambio es muy importante el discernimiento. Francisco insistió que el discernimiento es el corazón de la vida pastoral. Y por lo tanto es necesario ayudar a los sacerdotes, a los seminaristas con el discernimiento espiritual. Este es uno de los trabajos  fundamentales de la Compañía de Jesús hoy.” jesuita Guillermo Ortiz – Radio Vaticana


Jóvenes dispuestos a entregar sus vidas para servir generosamente a los más pobres y débiles es lo que necesita la humanidad, llamó el Papa

Jóvenes dispuestos a entregar sus vidas para servir generosamente a los más pobres y débiles es lo que necesita la humanidad, llamó el Papa

REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz

En la JMJ 2016, Francisco dijo ante miles de jóvenes que rezaron con él el Vía Crucis: “Hoy la humanidad necesita hombres y mujeres, y en especial jóvenes como vosotros, que no quieran vivir sus vidas ‘a medias’, jóvenes dispuestos a entregar sus vidas para servir generosamente a los hermanos más pobres y débiles, a semejanza de Cristo, que se entregó completamente por nuestra salvación”.

El Sucesor en la Cátedra de Pedro afirmó que “ante el mal, el sufrimiento, el pecado, la única respuesta posible para el discípulo de Jesús es el don de sí mismo, incluso de la vida, a imitación de Cristo; es la actitud de servicio. Si uno, que se dice cristiano, no vive para servir, no sirve para vivir. Con su vida reniega de Jesucristo”. Y explicó que el Señor invita a los jóvenes nuevamente a ser protagonistas; “quiere hacer de ustedes una respuesta concreta a las necesidades y sufrimientos de la humanidad”.

Para cumplir esta misión, él nos señala el camino del compromiso personal y del sacrificio de sí mismo: es el camino de la cruz –dijo el Papa. “El camino de la cruz es el único que vence el pecado, el mal y la muerte, porque desemboca en la luz radiante de la resurrección de Cristo, abriendo el horizonte a una vida nueva y plena. Es la vía de la esperanza y del futuro. Quien la recorre con generosidad y fe, da esperanza y futuro a la humanidad. Quien la recorre con generosidad y con fe, siembra esperanza. Y yo querría que ustedes fueran sembradores de esperanza”.


Radio Vaticano en español para Guinea Ecuatorial y África

(RV).- Acompañamos al Papa Francisco en el XV Viaje Apostólico internacional de su Pontificado, que le ha llevado a Polonia para la JMJ de Cracovia 2016. Y recordamos en nuestro espacio las palabras que el Obispo de Roma dirigió en la Fiesta de la Acogida, que culminó el segundo día de este viaje pontificio.

«¡Jesucristo no se vende y no se compra es el regalo de nuestro Padre y está vivo entre nosotros!»

¡Digámoslo fuerte todos juntos!, invitó el Papa Francisco a más de un millón de chicos y chicas de tantas partes del mundo, que aceptaron con alegría su exhortación.

«¡Hoy todos juntos estamos celebrando la fe!», exclamó el Papa entre los aplausos de esos jóvenes, recordando que esta cita se desarrollaba en la tierra natal de San Juan Pablo II, al que quiso agradecer por haber soñado e impulsado estos encuentros «desde cielo él nos acompaña al ver a tantos jóvenes de pueblos culturas, lenguas tan distintas con un solo motivo: celebrar a Jesús que está vivo en medio de nosotros!», señaló Francisco.

 

Destacando «esta verdadera fiesta jubilar, en este Jubileo de la Misericordia», el Papa Francisco dialogó con los jóvenes. «Queridos amigos, nos hemos reunido para ayudarnos unos a otros porque no queremos dejarnos robar lo mejor de nosotros mismos, no queremos permitir que nos roben las energías, que nos roben la alegría, que nos roben los sueños, con falsas ilusiones».

Tras preguntarles si quieren para sus vidas ese vértigo alienante o quieren sentir esa fuerza que los haga sentirse vivos, plenos – ¿Vértigo alienante o fuerza de la gracia?, el Papa reiteró que para ser plenos, para tener fuerza renovada, «hay una respuesta que no se vende, una respuesta que no se compra; no es una cosa, no es un objeto, es una persona y está viva, se llama Jesucristo».

«Señor, envíanos a compartir tu Amor Misericordioso», rogó el Santo Padre, invocando también con los jóvenes a María «Madre de la Misericordia».

Desde Cracovia, nos acompaña nuestra enviada especial María Fernanda Bernasconi

(CdM – RV)


Voces y testimonios de la JMJ 2016

“Este Papa me está ayudando mucho espiritualmente”

Nos lo dijo Aurora, de Madrid, mientras se encaminaba al Parque Błonia para asistir al Vía Crucis con los demás participantes en la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia con el Santo Padre Francisco

(RV).- Llegó la tarde del jueves, porque trabaja en Madrid, y más días de vacaciones no logró conseguir. Se trata de Aurora de Madrid, a quien le gusta mucho el Papa Francisco porque siente que la está ayudando espiritualmente. Por esa razón está aquí, en Cracovia para participar en esta Jornada Mundial de la Juventud.

Desde Cracovia, María Fernanda Bernasconi – RV.

 

Primera JMJ para Kevin, joven argentino

(RV).- Primera Jornada Mundial de la Juventud para Kevin Ruttenberg, joven argentino quien aunque no es católico, está aquí en Cracovia por invitación de un profesor de su escuela. Este evento mundial, por lo que pudo ver hasta ahora, le parece sumamente interesante.

Desde Cracovia, María Fernanda Bernasconi – RV.

 


Card. Sturla: “Comprometerse en actos de Misericordia”

(RV).- El último viernes de julio, la tercera jornada del Santo Padre en Polonia, comenzó con la oración silenciosa de Francisco en recuerdo de las víctimas de los campos nazis de Auschwitz y Birkenau, y prosiguió con la conmovedora visita a los pequeños huéspedes del hospital pediátrico de Prokocim, donde el dolor inocente no encuentra respuestas…

Antes del saludo final del día, desde la ventana del palacio episcopal, propiamente en el ámbito de la Jornada Mundial de la Juventud,  se realizó la piadosa práctica del Vía Crucis en el parque Błonia, en el que participaron junto al Papa Bergoglio unos ochocientos mil jóvenes de todo el mundo.

Allí pudimos divisar al Cardenal Daniel Sturla, Arzobispo de Montevideo, Uruguay, a quien Rafael Belincanta, del Programa Brasileño de nuestra emisora, le pidió una opinión acerca de las palabras finales del Papa Francisco:

Desde Cracovia, María Fernanda Bernasconi – RV.